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Full text of "El primer poema que trata del descubrimiento del nuevo mundo;"









THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



PQ6U98 
.22 

C338 



UNIVERSITY OF N.C. AT CHAPEL HILL 



10000974876 



This book is due at the LOU1S R. WILSON LIBRARY on the 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may be 
renewed by bringing it to the library. 


DATE RFT 
DUE RET 


DATE 
DUE 


FEB S 1981- 
















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EL PRIMER POEMA 

QUE TRflTfl DEL 

DESCUBRIMIENTO DEL MUEVO MÜÑDO 



REIMPRESIÓN DE LA PARTE CORRESPONDIENTE DEL 

Cario Famoso ve d. luis zapata, con un breve 

PRÓLOGO BIOGRÁFICO Y CIEN COMPENDIOSAS 
NOTAS CRÍTICO-HISTÓRICAS 

HECHA POR 

J. T. MEDINA 




SANTIAGO DE CHILE 

IMPRENTA UNIVERSITARIA 

Bandera 130 

1916 



"¡¡¡Sí- 



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EL PRIMER POEMA 

QUE TRATA DEL 

DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO 



TIRADA DE 100 EJEMPLARES NUMERADOS 



EJEMPLAR N.o.. 






EL PRIMER POEMR 

QUE TRfITfl DEL 

DESCUBRIMIENTO DEL MUEVO MüNDO 



REIMPRESIÓN DE LA PARTE CORRESPONDIENTE DEL 

Cario Famoso de d. luis zapata, con un breve 

PRÓLOGO BIOGRÁFICO Y CIEN COMPENDIOSAS 
NOTAS CRÍTICO-HISTÓRICAS 

HECHA POR 



J. T. MEDINA 




SANTIAGO DE CHILE 

IMPRENTA UNIVERSITARIA 

Bandera 130 

1916 




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*»» 




AS noticias que hasta hace muy poco se tenían de don 
Luis Zapata, estaban reducidas a las que de él dio don 
Pascual de Gayangos al frente del tomo X del Memorial histó- 
rico español, por cierto bastante escasas y que hoy resultan, en 
su mayor parte, equivocadas, después de rectificadas y amplia- 
das merced a la buena diligencia del señor don Juan Menéndez 
Pidal, muerto, desgraciadamente, en hora demasiado temprana 
y cuando tanto podía esperarse de su vasta erudición y de su 
amor al trabajo, de que acababa de dar cumplida muestra en su 
hermoso discurso de incorporación a la Real Academia Espa- 
ñola de la Lengua; que tal ha de ser, forzosamente, la fuente a 
que habremos de ocurrir para pergeñar los principales sucesos 
de la vida del autor del Cario famoso, cuyas son las estrofas 
que vamos a reimprimir, de ese poema sacadas, comentándolas 
con algunas notas histórico-críticas que contribuyan a ilustrar 
los primeros versos de molde dedicados a celebrar el descubri- 
miento de América y las hazañas de Hernando Cortés en su em- 
presa, nunca bastante admirada, de reducir al dominio español 
el más grande de los imperios indígenas que hubiera llegado a 
constituirse en el Nuevo Mundo. 

Fué don Luis Zapata hijo de don Francisco Zapata de Cha- 
ves, señor de vasallos en el reino de Granada, caballero de San- 
tiago, devotísimo de su Orden, y cumplido militar, de que daba 



\ 

5586' 



47 



— 6 — 

claro testimonio su valentísimo comportamiento en la expugna- 
ción de Fuenterrabía de poder de los franceses, en 1522. Cuatro 
años después contrajo su tercer matrimonio con doña María 
Portocarrero, hermana del Conde de Medellín, naciéndole en el 
siguiente su hijo primogénito, que se llamó Luis en memoria de 
su abuelo el Licenciado Zapata, presidente que había sido del 
Consejo de los Reyes Católicos y poseedor que fué del aprecio 
de Carlos V, por los servicios que le prestó en la guerra de las 
Comunidades. 

Pasó don Luis su infancia en Llerena, su ciudad natal, en la 
casa solariega de la familia, de las mejores que entonces se co- 
nocían en España, y a los nueve años de su edad entraba, — 
como no mucho después había de hacerlo el más ilustre de los 
poetas épicos del habla castellana y cual era lo acostumbrado 
con los hijos de los nobles, — en calidad de paje del príncipe 
don Felipe. Y aun no había trascurrido un lustro desde que de 
tal empleo disfrutaba y escasamente contaba los nueve años de 
su edad, cuando el Emperador se dignó concederle el hábito de 
Santiago, cuya regla debió ir a cursar al convento de Uclés, 
para tales ejercicios señalado, hasta su profesión, celebrada el 
2 de Junio de 1541, después de la cual volvió de nuevo a sus 
ejercicios cortesanos, los que hubo de amargar en 1544 la pér- 
dida de su padre, por cuya muerte el Emperador, dándole nue- 
va prueba de estimación, le otorgó, por cédula datada en Colo- 
nia a 16 de Agosto de 1545, la alcaldía de la fortaleza de Reina 
en su pueblo natal, con los gajes correspondientes, que, añadi- 
dos a otros emolumentos y al considerable mayorazgo que he- 
redó, le colocaron en envidiable situación de fortuna. 

A ella quiso añadir luego, como con ingenuidad hubo de confe- 
sarlo, las condiciones de gran cortesano, de caballero sobresa- 
liente en las justas y torneos, y lo que era, en verdad, más di- 
fícil, las dotes de poeta eximio. Para conservar sus cualidades 
de buen mozo y elegante y combatir su tendencia a la obesidad, 
acostábase con grebas, pieza de la armadura que cubría las pier- 
nas, que no quería que excediesen del grosor conveniente; ejer- 
citábase en el manejo de la espada, dedicábase al ejercicio de 
cabalgar y, sobre todo, al de la caza, en cuya práctica y técnica 
se hizo tan competente, que, andando los años, pudo escribir 



sobre ella un tratado, adornándolo, o, acaso, — por más que así 
no lo creyera él, — deslustrándolo, empeñado como estuvo en 
redactarlo en verso... 

De tal manera preparado se hallaba para los ideales que se 
había forjado, cuando partió de Valladolid entre los que com- 
pusieron el séquito que el príncipe don Felipe llevaba en el 
viaje que realizó a Bruselas para visitar allí a su padre, ofre- 
ciéndosele ocasión, con ese motivo, de hacer manifestación 
de las prendas que, como educado para ello, le adornaban, en 
las fiestas que en las diversas ciudades del tránsito se celebra- 
ron en honor del que había de suceder pocos años después en 
el trono de la monarquía más poderosa de Europa; siendo en- 
tre todas digna de recordarse la famosísima justa, ideada al es- 
tilo de las que se referían en el Amadís, que se verificó en No- 
viembre de 1549, para lograr la entrada al Castillo Tenebroso, 
cerca del pueblo de Bins, y en la cual le cupo a don Luis, dis- 
frazado con el nombre de Gavarte de Valtemeroso, la honra 
de adelantarse a casi todos sus competidores. 

En este terreno no había, pues, de ver malogradas sus aspi- 
raciones. Para alcanzar el renombre de poeta, que era otra de 
ellas, había comenzado por emprender una traducción del 
Ariosto, aplaudida por Jerónimo de Urrea en la suya, pero 
que, a juicio de otros que hablaban con más verdad que lison- 
ja, resultaba no digna de tal loa; y después, a vueltas de algún 
otro ensayo de corto aliento, quiso nada menos que hacer re- 
sonar la trompa épica por su propia cuenta en celebridad de 
las hazañas de Carlos V, a cuyo propósito había ido acopian- 
do materiales de información que le permitiesen dar a su tra- 
bajo los caracteres de histórico; y, en seguida, a fin de realizar 
su empresa en el sosiego conveniente, se apartó del servicio 
palaciego, y casado, en virtud de Real licencia, con su prima 
hermana doña Leonor Portocarrero, se retiró, en 1556, a su casa 
solariega de Llerena. 

Había alcanzado ya en su tarea hasta el canto XI cuando 
tuvo la desgracia de perder a aquella mujer, de quien se mani- 
festaba tan enamorado, que la pintaba como modelo de 

Bondad, gracia y saber y hermosura, 



añadiendo que la muerte de esa «vida de su vida» le produjo 
tal dolor, que, según confesaba, 

Perdí el seso, perdí el entendimiento: 

que así debió de ser en verdad, porque cabalmente las estrofas 
dedicadas a la memoria de doña Leonor Portocarrero fueron, 
si no las mejores, por lo menos de las pocas que escribió que 
pudieran acreditarle de poeta... 

Aquel dolor no había de durar tanto, sin embargo, como en 
un principio se lo imaginara. Deseoso de solaz, se marchó 
cierto día a Sevilla, donde poseía casa y rentas; de allí con va- 
rios amigos, en momento inesperado, se dirigió a los Palacios, 
de cuya hospitalidad hizo alarde en festines dignos de un ro- 
mano de la época del Imperio; y, olvidando así poco a poco su 
pena, llegó por fin a casarse con doña Leonor de Ribera, dama 
de familia linajuda de aquella ciudad, después de licencia Real 
que para ello obtuvo en 27 de Abril de 1562. Su viudez había 
durado, por tanto, cinco años, y poco ascendiente debió de 
ejercer sobre él su segunda mujer, cuando le vemos negarse a 
pagar deudas sagradas, originadas de disposiciones testamen- 
tarias de su padre y abuelo, y contraer, a la vez, otras de tal 
magnitud, que apenas se escaparon de ellas los cánones del 
arrendamiento de la casa de Llerena. 

Pero eso le importaba un ardite, al parecer, alejándose cada 
vez más del mundo de la realidad para entregarse, entre los 
quebrantos de una vida poco reglada, a la conclusión de su 
poema, que al cabo de trece años de labor logró terminar en 
los fines del de 1564 y darlo a la prensa en Valencia en el de 
1566; labor tan lastimosamente realizada, que el buen criterio 
de los escrutadores de la librería de Don Quijote dispuso que 
fuese echada al fuego, entre los demás libros que tal desaire 
merecieron, «sin ser vistos ni oídos». Y, ciertamente, que no 
faltaba razón para ello, si se hubiera de juzgar sólo por su mé- 
rito poético, aunque no, de seguro, por lo que tiene de históri- 
co, parte en la cual se comprende y es justo salvar lo que toca 
al Nuevo Mundo, aunque más no sea a título de ser la prime- 
ra crónica rimada de sucesos americanos y el haber abierto 



— 9 — 

con ello, en mucha parte, la puerta a otros trabajos de mérito 
literario harto más acendrado; baste considerar que no podrá 
negarse que el Cario famoso, como asunto histórico, es uno de 
los dos precursores que tuvo La Araucana. 

No es toda histórica, sin embargo, en esa parte la labor del 
poeta de Llerena, pues la lectura que hoy ofrecemos, sacándola 
de la extremada rareza a que se hallaba reducida por la esca- 
sez de la edición príncipe, permitirá fácilmente conocer que las 
proezas de aquellos combates de Cortés con el monstruo ma- 
rino y el águila caudal, que insertó «por deleitar y cumplir con 
la Poesía», no pasan de ser invenciones de su fantasía, como 
fiel trasunto de aquellos que se contaban en libros de caballe- 
rías, y, más que todo, como modelo que se propuso imitar, en 
el Orlando furioso, cuya lectura y estudio, emprendidos en los 
años de su juventud, debieron de impresionar profundamente 
las tendencias de su espíritu. 

Como hubo de hacerlo, tres años después de haber visto la 
luz pública el Cario faino so, Ercilla en su poema, Zapata dedicó 
el suyo a Felipe II; ni uno ni otro habían de hallar por ello 
recompensa de tan poderoso Mecenas, y más aún, Zapata an- 
duvo por esos días con tanta desgracia, que en lugar de aquélla, 
el 20 de junio de dicho año de 1566 el monarca despachaba 
una real orden para que fuese preso y llevado a buen recaudo 
a la fortaleza de Segovia de la Sierra; y, como si eso no fuese 
bastante, poco más de dos meses después, el 30 de agosto, or- 
denaba que a Zapata se le privase del hábito de Santiago y le 
condenaba a reclusión perpetua: todo porque, según se decía en 
ella, don Luis, recibido el hábito de la Orden, «no había vivido 
con la honestidad y decencia que se requiere para ser hombre 
de orden... y ha cometido graves delitos y ecesos e perseve- 
rado en ellos muchos años, con gran deservicio de Dios e per- 
juicio e deshonor de su Orden...» Y tan estrecha debía ser la 
reclusión, que tenía que permanecer encerrado en la pieza más 
segura de la fortaleza, custodiado de cerca y vivir incomuni- 
cado, sin otra suelta que la de salir los domingos y fiestas de 
guardar a la iglesia del castillo, acompañado del alcaide. En 
ella, poco más tarde, hubo de ser degradado, si así puede de- 
cirse, delante del altar del Apóstol, arrancándole la cruz roja, 



— 10 — 

insignia de la Orden, de la ropa y del manto de caballero que 
vestía. La única tolerancia que a su favor se impuso fué el au- 
torizarle para que a costa de su peculio se le exceptuase de 
comer de las viandas guisadas para los sirvientes, como la regla 
de la Orden, para casos como el suyo, lo disponía. ¡En eso que- 
daban convertidos los ensueños de gloria que se imaginó habían 
de circundar su frente de poeta! «Yo pensé también, decía años 
después, — soñando todavía con que su memoria, cual la de 
otros poetas, se sobrepondría al olvido, — que en haber hecho 
la historia del Emperador Carlos V, nuestro señor, en verso, y 
dirigídola a su pío y piadosísimo hijo, con tantas y tan ver- 
daderas loas de ellos y de nuestros españoles, que había hecho 
algo. Costóme 400 mil maravedís, y de ella no saqué sino saña 
y alongamiento de mi voluntad». 

El encierro a que se vio reducido fué ocasión de una eficaz 
enmienda para sus descarríos, y al cabo de dos años de sufrirlo, 
tan otro se mostraba y tantas fueron las súplicas de su esposa 
al monarca, que logró de su benignidad, en 27 de octubre de 
1568. se la permitiese acompañarle en su soledad y entrar con 
ella a la fortaleza dos criadas para su servicio. Poco a poco fué 
cediendo de su enojo todavía más, y en 23 de agosto de 1 569 
ordenó trasladarle a la fortaleza de Hornachos, que se le con- 
cediese disfrutar de la compañía del hijo de su primer matri- 
monio y aumentar su servidumbre hasta cuatro criados; y, tras- 
curridos diez meses, a la de Valencia de la Torre, más vecina 
aún a Llerena. Allí permaneció cerca de veinte años, entrete- 
niéndose a ratos en la composición de piezas cortas de poesía, 
en la redacción de unos Emblemas y en la de su Libro de las 
aves de caza, que empezó a escribir el i.° de septiembre de 
1583, y terminó, según cuidó de anotarlo, a las diez de la noche 
del día de San Andrés del mismo año, y que hasta hoy perma- 
nece en manuscrito, custodiado en la Biblioteca Nacional de 
Madrid. 

Siempre guiado por aquel espejismo que le hacía vestir con 
el ropaje de los versos sus pensamientos, empeñóse, a pesar de 
la oposición de su hijo, en seguir el mismo camino en materia 
tan poco adecuada como ésa, del cual prometía al cabo enmen- 
darse, poniendo de allí en adelante «perpetuo silencio a las 



— II — 

rimas», con propósito no tan firme, sin embargo, que no aco- 
metiese más tarde la traducción del Arte poética de Horacio, 
que se publicó en Lisboa, en 1592, volumen de tosquísima edi- 
ción y de tanta rareza hoy, que de él se conocen sólo dos ejem- 
plares, y de tan pobre versificación, que Menéndez Pelayo 
calificaba sus estrofas, escritas en endecasílabos de la rima lla- 
mada «maraña», de «flojas, desaliñadas y pedestres y los ver- 
sos muy malos». 

Don Luis, por esos días, estaba ya libre de su prisión, y aun 
puede decirse que vuelto a la gracia del monarca, como que en 
9 de abril de aquel año 1592 le había nombrado regidor de la 
ciudad de Mérida. Alternando desde entonces su residencia, 
ya en Portugal, ya en aquella ciudad, ya en Talavera de la 
Reina, Zapata, que no perdía sus aficiones literarias, se ocupa- 
ba en escribir un libro que pensaba llamar de Varia historia, 
cuyas páginas habían de llenar las cosas que durante su larga 
vida tenía vistas y que a su juicio mereciesen recordación, los 
pasajes curiosos de las obras por él leídas, y cuanto interesante 
había oído referir, conocido hoy con el título de Miscelánea, 
con el cual salió a luz, aunque con no pocos descuidos, en el 
tomo X del Memorial histórico español, especie de memorias 
autobiográficas y arsenal considerable de dichos y anécdotas 
de personajes notorios de su tiempo, que hoy se leen con sumo 
agrado, y en cuya redacción se ocupaba cuando falleció a fines 
de 1594 o principios de 1595. 

Y no queremos concluir este rápido y desgreñado bosquejo 
de la vida de don Luis Zapata sin copiar aquí las elocuentes 
frases con que remata su biografía el meritísimo escritor que 
nos ha servido de norte y guía para hilvanarlo y a quien por 
justo título se debe todo el aplauso: 

«La errada vocación de don Luis Zapata, su porfiado em- 
peño en versificar, se explican fácilmente tratándose de un ca- 
ballero de las cortes del Emperador y de su hijo don Felipe, en 
que la hermandad de las armas y las letras, elevada a doctrina, 
tuvo arraigo en las costumbres. 

«Un capítulo del Cortesano dedica Baltasar Castellón a esa 
hermandad, y nuestro gran prosista fray Antonio de Guevara 
decía al conde de Benavente, don Alonso Pimentel, en una de 



— 12 — 

sus epístolas familiares: «Al buen caballero tan bien le parece 
un libro so la almohada como la espada a la cabecera». 

«Por eso eran entonces parte de la educación patricia lo mis- 
mo el manejo de la espada que escribir en metro y en prosa, y 
así hubo tantos buenos caballeros, medianos poetas, al lado de 
otros que escribían soberanas estrofas: 

entre las armas del sangriento Marte..., 
tomando ora la espada, ora la pluma. 

«Al querer realizar don Luis Zapata sus tres ambiciones de 
ser gran cortesano, gran justador y gran poeta, no aspiraba, 
pues, sino a una cosa: a ser dechado de caballeros, a competir 
en galantería, armas y letras, con los más venturosos de la 
Corte. 

«No pudo lograr el último noble empeño. Sin embargo, las 
obras poéticas de don Luis tienen, aparte de su mérito relativo, 
alta significación social: como otras muchas de aquel siglo, dan 
testimonio de una extensa devoción cortesana a la poesía, y 
no en tiempos de paz florecedora, sino cuando ilustres soldados 
poetas acudían a ofrendar al templo de las Musas entre el ir y 
venir de las batallas. 

«Don Hernando de Acuña, que después de batirse brava- 
mente en Ingoldstandt, bajo la enseña de Carlos V, traducía en 
colaboración con éste el poema de Olivier de la Marche, El ca- 
ballero determinado; don Alonso de Ercilla, hurtando horas al 
reposo en los campamentos de Arauco para notar en trozos de 
papel o en tiras de cuero las octavas de su poema, nos dicen 
cómo daba culto a lo ideal en los altares de la Poesía aquella 
raza de guerreros y conquistadores, de que fué símbolo supre- 
mo el príncipe de la lira castellana, el dulce cantor de Galatea, 
arrojado por su heroísmo a escalar el primero la torre de 
Muey, donde cayó sin vida en brazos de la Fama, que lo re- 
cogió para besar su ensangrentada frente con el beso de la in- 
mortalidad.» 



CARLO FAMOSO DE D. LUIS ZAPATA 



Canto XI. — ...Asimismo vinieron embajadores de Hernando Cortés, con las nuevas 
de la eonqnista de la Nueva España. 



El Marqués de Pescara, aun despedido 
No era del Rey, de grandes y señores, 
Cuando del Nuevo Mundo, aun no entendido, 
Allegaron a Cario embajadores: 



7. Allegar en su forma anticuada, por llegar, de que el propio Zapata 
nos ofrece otro ejemplo más adelante (canto XV, hoja 72 vita.): 

Que conoscieron luego en allegando 
Nosotros, nuestras armas y vestidos... 

Ercilla la empleó, asimismo, en varias ocasiones; por ejemplo: 

Sin allegar a tanto rompimiento... 
Mas cuando a estas razones allegaba... 

La Araucana, ed. del Centenario, 27-1-8 y 194-1-3. 

Pedro Cieza de León escribía en igual forma, como es natural suponer- 
lo, siendo su obra anterior a la de nuestro poeta: «Pasados estos llanos y 
montañas de suso dichas, se allega a las muy anchas y largas sierras que 
llaman de Abibe...» La Crónica del Perú, p. 363, ed. Rivadeneyra. 



— 14 — 

Que Hernando Cortés esclarecido 
Por batallas, digno él de mil loores, 
Envió con nueva de que había en sus guerras 
Nuevos reinos ganado y nuevas tierras. 
5 Mas, antes que a Cario entre esta embajada 
De victorias cargada y ricos dones, 
Os diré yo, Rey alto, si os agrada, 
Quién las Indias halló en breves razones: 
Que creo que os será historia muy amada 

10 Ver su descubrimiento entre renglones, 
Pues particularmente yo sospecho 
Que dello sabidor no os habrán hecho. 

Ni de las Indias sea poco estimado 
Su gran trecho y sus campos despoblados, 

15 Que, cierto, no será el peor bocado 
De vuestros grandes reinos y ditados: 
Y contra todo el mundo levantado 
Gran ayuda hará a vuestros estados, 
Si del adivinar el arte ufano 

20 Yo no lo deprendí y supe en vano. 



10. «Dexar entre renglones, o Quedarse entre renglones, se lee en el Dic- 
cionario de Autoridades: frase que, además del sentido recto, vale olvidar- 
se, o no acordarse de alguna cosa, que se debía tener presente»; si bien 
aquí le corresponde el significado de asunto o cosa que reviste una impor- 
tancia menor que la principal de que se va tratando, tanto, según diríamos 
hoy, como entre paréntesis : 

16. El Diccionario de Autoridades advertía ya que a dictar «algunos le 
escriben sin la c, diciendo ditar, pero es corrupción»; sin conceder, por lo 
demás, a dictado la acepción en que aquí está empleado de título nobilia- 
rio, de que nos ofrece ejemplo Cervantes (Don Quijote, P. I, cap. XXI): 

...«que a buena fe que te han de llamar señoría, mal que les pese. 

« — Y ¡montas que no sabría yo autorizar el litado! — dijo Sancho. 

« — Dictado has de decir; que no litado — dijo su amo». 

En cuya acepción, observa Rodríguez Marín, «era usual en los siglos 
XVI y XVII», citando al intento el siguiente ejemplo tomado del coloquio 
vil del Viaje de Turquía de Villalón: 

«Pedro. Hay muy grandes ditados en Italia: el Ducado de Ferrara, el 
de Milán, el de Saboya». Nota a la pág. 172 del tomo II de aquella obra 
de Cervantes. 

20. Deprender, por deprehender, anticuado en ambas formas, vale apren- 
der 



— 15 — 

Y volverán los tiempos y los años, 

Y los cielos aun de una a otra parte 

Y de la cristiandad con sus rebaños 
Vendrán éstas a ser la mejor parte: 

Pues destos nuevos reinos tan extraños 5 

Oí el descubrimiento de aquesta arte 

Y de la Nueva España el vencimiento, 

Y nueva atención haya al nuevo canto. 
Reinaba el Rey Católico afamado 

En la felice España que él regía, 10 

Cuando, porque para su edad guardado 

Tan gran buena ventura el cielo había: 

Colón (que se había allí antes casado) 

De la Madera en la isla residía, 

Colón de los Ligures (según leo) 15 

De Nervi natural, o Cigureo. 

Y como él en el mar fuese muy diestro, 
Donde desde pequeño había vivido, 

Y de mapas y tablas gran maestro, 

En que siempre ocupaba su sentido, 20 

Para entender la costa del mar nuestro 

De África a Portugal había venido 

Para ornar de sus cartas los traveses 

Con lo que en el mar veen los portugueses. 



1. Alusión, al parecer, a lo que escribió Séneca, tantas veces alegado 
por los que han tratado del descubrimiento del Nuevo Mundo: «Venient 
annis saecula seris, quibus Oceanus vincula rerum laxet...». 

4. La referencia a las Indias, aunque tan distante, es manifiesta. 

6. Oí, a. primera vista, singular de pretérito, pero, en realidad, segunda 
de plural del imperativo, como bien se deduce del contexto. Ocurre en este 
caso la apócope de la d, práctica no rara en nuestros clásicos, notada ya 
por Bello en su Gramática (capítulo XXVII). 

8. Falta la rima en estos dos versos. 

19. Tabla, anticuado en su acepción de mapa. 

23. Través, como término náutico, es, según el léxico de la Real Acade- 
mia, «la dirección perpendicular a la quilla»: acepción que no puede con- 
venirle en este caso: por el contexto de la frase, parece referirse a travesías 
o derroteros. «Vino a Portogal, cuenta López de Gomara, por tomar razón 
de la costa meridional de África, y de los mares que portugueses navegaban, 
para mejor hacer y vender sus cartas.» 



— i6 — 

A la sazón que digo, navegando 
Nuestro Océano acá una carabela, 
Tuvo un viento tan bravo y tan nefando, 
Que de Levante le hinchó la vela, 
5 Que siempre días y noches no cesando, 
Al navichuelo así apegó la espuela, 
Que fué a parar con él tan sin medida 
En tierra y en región nunca aun sabida. 
Ni puesta aun en los mapas que hacías, 

10 Colón, tú, con el sol y con la luna, 

Volvió el navio de allá en muchos más días 
Con bonanza, que fuera con fortuna; 
Y cuando acá llegó por largas vías 
En ella no había ya persona alguna 

15 Sino sólo el piloto, y los postreros 
Con él, tres o cuatro marineros. 

Los cuales, dende a poco que venían 
Del viaje, dolientes se murieron; 
De Colón donde acá arribado habían, 

20 Huéspedes el piloto y ellos fueron: 
El patrón desque los que le seguían 
Después que llegó al puerto fallescieron, 
Algunos días quedó amigablemente 
En casa de Colón malo y doliente. 

25 Allí él, del nuevo mundo a do aportado 
Así había, a Colón hizo que supiese 
Para que en una carta que mostrado 
Le había, las nuevas tierras le pusiese: 
Mas, en muy breve tiempo el desdichado 

30 Piloto, allí Dios quiso que muriese, 



7. Apegar, a. ant. Apegar la espuela, que hoy decimos poner las es pile- 
las ; tal como lo escribía Cervantes: «...-puso las espuelas a Rocinante...» 
« . . .porque me va fto?rie?ido espuelas el deseo. . . » Don Quijote, 1, caps. 18 y 20. 

21. Desque, contracción de desde que, usada todavía en poesía, advierte 
el léxico de la Real Academia. Ya veremos que más adelante Zapata em- 
pleó tales voces con todas sus letras. 



— 17 — 

Donde dejó a Colón las escripturas 

Y de las nuevas tierras las alturas. 

Fué aquesto que oís, señor, la luz primera 
Así, que de las Indias tuvo España, 

Y aquel que las halló por su mal fuera, 5 
Pues murió sin gozar dicha tamaña; 

Ni de donde nasció, aunque español era, 

No se supo del, ¡oh suerte extraña! 

Ni en qué año, ni quién fuese aquel triste hombre: 

Así el cielo lo quiso, ni aun su nombre. 10 

Así Perillo, el inventor primero 
De la nueva manera de tormento, 
Fué él que en lo que él halló murió el primero 
Donde después murieron otros ciento: 

Y así murió antes que otro el marinero 15 
Que halló en este su descubrimiento 

Nueva manera de morir la gente, 
Sin saberse aun su nombre solamente. 



2. Todo este pasaje relativo al viaje de aquel piloto está demostrando 
que la fuente de que tomó Zapata sus noticias fué la Historia de las In- 
dias de López de Gomara, tanto, que no pasa de ser una versión poética 
de lo dicho allí por el cronista: «Navegando una carabela por nuestro mar 
Océano tuvo tan forzoso viento de levante y tan continuo, que fué a parar 
a tierra no sabida ni puesta en el mapa o carta de marear. Volvió de allá 
en muchos más días que fué; y cuando acá llegó no traía más de al piloto 
y a otros tres o cuatro marineros, que, como venían enfermos de hambre 
y de trabajo, se murieron dentro de poco tiempo en el puerto... Solamente 
concuerdan todos en que fallesció aquel piloto en casa de Cristóbal Colón, 
en cuyo poder quedaron las escripturas de la carabela y la relación de todo 
aquel luengo viaje, con la marca y altura de las tierras nuevamente vistas 
y halladas». Pág. 165, ed. de la Colección de Autores Españoles de Rivade- 
neyra, que será la que cite. 

Fernández de Oviedo había sido el primero en hacerse eco de semejan- 
te conseja en su Historia General de las Indias, impresa en 1535, y, ya sea 
de tal libro, o también del de López de Gomara, la tomó Lope de Vega, 
llevándola a las tablas por boca del mismo Colón en su comedia El Nueva 
Mundo (acto I, escena I). 

12. Perilo (y en la antigua ortografía que imitaba a la latina, Perillo) fué 
un artesano de Atenas que fabricó un toro de bronce para quemar dentro 
a los condenados a muerte. Ofrecido el toro a Fálaris, tirano de Sicilia» 

2 



— 18 — 

Por lo cual, pues Dios quiso en Colón solo 
Poner y en su cabeza esta memoria 
A sólo Colón de uno al otro polo 
Todo el mundo le dé perpetua gloria: 
5 Si la plata, si el rubio oro de Apolo 
Tanto estima esta vida transitoria, 
Si tanto el señorear tierras y gentes, 
Que España hoy deberá a sus descendientes. 

Colón, pues, inflamado de amor grande 
10 Que las Indias por él se descubriesen, 
Que como él (que cosmógrafo era grande 

Y leído) creyó que ciertas fuesen; 
Buscó luego algún rey, príncipe o grande 
Que fuerzas para armar naves le diesen: 

15 Lo trató con el Rey de Ingalaterra 

Y con el Portugués, ricos, sin guerra. 



hizo éste morir dentro del artefacto al mismo inventor. Dos veces habla 
de esto Ovidio en sus Tristes: 

Más cruel eres 
Que el sombrío Busiris y el tirano 
Sículo que abrasó con fuego lento 
Al toro de metal y al fabricante. 
Libro III, elegía XI. 

Fálaris mismo permitió en el toro 
Que fabricó Perilo, exhalar quejas, 
Quejas que se tornaban en mugidos. 

Libro V, elegía I. 

Traducción de don Manuel Antonio Román en su muy recomendable 
versión de aquella obra del poeta latino. 

Hablan también de esto Valerio Máximo y Cicerón y Dante en el canto 
XXVIII de El Infierno. Lope de Vega trae la siguiente referencia a ese 
suplicio en su comedia El Nuevo Mundo (página 595, tomo II, de su Tea- 
tro escogido, edición de Ochoa) acto II, escena I: 

Arana. — Y desta suerte verás 

Como el que el toro inventó. 
Que el primero en él murió, 
Hoy tu invención probarás. 

15. Ingalaterra, decían todavía Cervantes, Ercilla, Lope de Vega, Tirso 
y Calderón. 



— 19 — 

Los cuales tenían puestos en oficios 
No buenos, ni hombres sabios a sus lados: 
¡Oh Príncipes, y qué, y cuántos servicios 
Perdéis cuando así son vuestros privados! 
Que por su envidia o ira, o por sus vicios 5 

No son los que verdad traen escuchados: 
Así estos Reyes a Colón no dieron 
Crédito, porque aquéllos no quisieron. 

Y lo cierto por falso fué tenido 

Y creídos los otros que mentían: 10 
A Castilla Colón volvió escarnido 

Y ya las alas a él se le caían: 

Los Católicos Reyes, que escogido 

Consejo de loor digno tenían, 

Dado fin a la guerra de Granada, 15 

Fué dellos la intención del escuchada. 

Y tenida por cosa que podía 
Ser o no ser, falsa o verdadera, 
Mas, en caso que tal salir podía, 

Aventurar tan poco, muy justo era. 20 

En Santa Fe, (donde se funda y cría 
Cualquier cosa perpetua y duradera) 
Se tomó con Colón en todo asiento, 

Y se despachó, y fué alegre y contento. 

Armó en Palos Colón tres carabelas 25 

En las que metió veinte y cien varones; 
En la una el General se metió, y de las 
Dos otras cargo dio a los dos Pinzones; 
A un fresco temporal sus blancas velas 
Con contentos y alegres corazones 30 



11. Escarnido, participio de escarnir, voz de origen italiano, anticuada en 
esa forma, por escarnecer. 

12. ^Caérsele a uno las a/as,'» es frase figurada, que vale, como reza el 
léxico, «desmayar, faltarle el ánimo y constancia en algún contratiempo o 
adversidad». «Se le anubló el cielo, y se le cayeron las alas del corazón», 
escribía Cervantes en Don Quijote, P. II, cap. 7. 



— 20 — 

Por agosto de mil y cuatrocientos 

Y de noventa y dos alzó a los vientos. 
Navegando dio luego en la Gomera, 

Que es una en el gran mar de las Canarias; 
5 De allí el rastro siguió que en la carrera 
Por lo alto de las aguas voluntarias 
Las ruedas del sol dejan dondequiera 
Que ellas van a esconder sus luminarias, 

Y así tras el sol yendo a sus lugares 
10 Se metió en alta mar por esos mares. 

O cierto de morir en agua o en guerras, 
O de salir con lo que osado había, 
Atrás dejar Colón se vía las sierras, 
Las que él como sus manos conocía, 

15 Por ir en busca de las nuevas tierras, 
Que todo el mundo aun dellas no sabía, 
Siguiendo una luz chica como a tiento 
Que le encendía de llama el pensamiento. 
Aquel que el Helesponto pasó a nado 

20 A la lumbre que puesta había en Abido, 
No tuvo menor luz, ni tan osado 
Como Colón no creo que hubiese sido: 

Y porque es el amor más esforzado, 
Hizo él menos, ni fué tan atrevido 



2. Bien pudo Zapata precisar el día de la partida de Colón, pues de tan 
prolijo y verídico analista se preciaba, y la da, a mayor abundamiento, 
López de Gomara: viernes 3 de agosto. 

Ocurriendo a la misma fuente, también debió escribir Cugureo y no 
Cigureo, como aparece en el texto (salvo que haya ocurrido yerro en la 
impresión) el nombre de uno de los pueblos que se da por patria de Colón. 

17. Se dice también a tientas, pero lo más corriente antaño era a tiento; 
así Ercilla en su Araucana dijo (428-4-7): 

Tirando a tiento golpes y estocadas... 

Cervantes en D071 Quijote: «... que así, había dicho a tiento que se ha- 
bía desembarcado en Osuna...». 

20. Alude a la leyenda mitológica tan romántica y conocida de Ero y 
Leandro. 



— 21 — 

El que con alas por huir de Minos 
Por el aire intentó nuevos caminos. 

Colón entró en el golfo encontinente, 
Adonde no había ya palmo de suelo, 
Adonde no vía más que solamente 5 

Alrededor la mar y encima el cielo; 
Así anduvo seis meses con su gente, 
De temor llena ya y de desconsuelo, 

Y sería en tantos días tan sin cuento 

Explicar sus tormentas, gran tormento. 10 

Como de aquel que el agua a su albedrío 
Tanto tiempo le tuvo y a su fuero 

Y pasó en el mar parte del estío 

Y otoño y parte del invierno fiero: 



2. El personaje mitológico aquí aludido es Dédalo, autor del Laberin- 
to, que hubo de huir, con alas que fabricó para él y su hijo ícaro, de la 
corte de Minos, irritado contra él por haber ayudado a su mujer Pasifae a 
satisfacer la pasión que sentía por un toro. 

3. Encontinente, anticuado, por incontinente; así escribían todavía Er- 
cilla y Gabriel Laso de la Vega- 

«Fueron sobre él los dos encontinente... 
La Araucana, (458-5-1). 

Mandóle así Cortés encontinente... 

Cortés Valeroso, (hoja 123 vita.) 

O en continente, como quiere Rodríguez Marín en su edición de Don Qui- 
jote, afirmando que tal vocablo (o locución, diríamos en tal caso) no debe 
tenerse por anticuada, «pues además de Cervantes, declara, (II, p. 161) lo 
usaron otros autores de su tiempo, verbigracia, fray Luis de León...» Es 
de temer, con todo, que tal vuelta al uso de antaño no logre pasar. 

7. Yerro de tal magnitud parece realmente inexplicable de parte del 
poeta, puesto que el cronista cuyos dictados sigue, señala el día en que fué 
descubierta la América, de todos conocido. Es posible que, si no se trata 
de un encarecimiento poético, incompatible en este caso con la verdad his- 
tórica a que ofreció ceñirse, medie en el verso una errata: seis por tres, y 
aun así resultaría ese tiempo exagerado, ya que la navegación de Colón no 
pasó de dos meses y nueve días. 

12. El léxico registra afuero o al fuero, modo adverbial que vale «según 
estilo, ley o costumbre». En este verso importa como decir «a su devoción, 
a su albedrío». 



— 22 — 

Ni en tan grande y grandísimo desvío, 
Que otro Norte vían ya y otro hemisfero, 
El Nuevo Mundo aun no parescía 
Que Colón prometido les había. 
5 Y cada hora temían los navegantes 
De descubrirle menos esperanza, 

Y el bastimento y viandas abundantes 

Se les menguaban ya en tan gran tardanza; 
Cresció en los de Colón, pues, más que de antes, 
10 Ya en esto el miedo y la desconfianza 

Y odio y enemistad esquiva y brava 
Con quien así engañados los llevaba. 

Por lo cual, entre todos (descuidado 
Yendo él) comenzó aquesto a levantarse: 
15 De echar al burlador que así engañado 
Los había, en el mar áspero, y tornarse: 
Así a un tiempo por todos acordado, 
Fueron las carabelas a juntarse 

Y en la suya los que en las otras fueron 
20 Con alboroto y grita se metieron. 

Y todos con enojo furibundo 
Después que contra él juntos conjuraron 
Para echar a Colón en el profundo, 
Como otro tiempo a Joñas, le tomaron; 
25 En tal peligro estuvo el Nuevo Mundo, 
Las Indias a este término llegaron, 
De que español ni aun nuestra fe santa 
No hubiese puesto allá hasta hoy la planta. 



2. Hemisfero, anticuado, pero usado todavía por Ercilla (37-4-2): 

Se derribó en el ártico hemisfero... 

y por Cervantes (Viaje al Pa?-naso, cap. III): 

Vimos desde allí a poco al más famoso 
Monte que encierra en sí nuestro hejnisfero. 

24. Para la medida del verso hay que leer Joñas. 



— 23 — 

Mas Dios, que siempre al inocente ayuda, 
Mas Dios, que ayuda siempre al afligido, 
Hizo que de su gente Colón cruda 
Antes que le anegasen fuese oído: 
Si en tres días no diese él tierra sin duda, 5 

Que entonces en el mar fuese hundido, 
Les pidió, así afirmando que sería, 
Porque él ya en los celajes lo entendía. 

Así, por gran milagro le soltaron, 
Por más justificarse allí aguardando: 10 

En estos tres días que ellos le otorgaron 
Al cielo Colón iba suplicando, 
Como el que muerte o el bien que no pensaron 
Estaba en el fin dellos esperando: 
Al fin dellos, de Lepe un marinero 15 

Vio tierra, y tierra, tierra vio primero. 

¡Oh de los hombres seso instable y vano, 
Cómo se muda presto y fácilmente! 
Poco ha que echar allí en el Océano 
Con furor a Colón quería su gente, 20 

Y agora, vista tierra, ellos la mano 
Van todos a besarle encontinente: 

A sus pies se echan con su barco y redes 

Y le piden perdón, honra y mercedes. 

Donde primero de nuestros navios 25 

En las Indias el áncora fué echada 
Fué una isleta en que hay muchos bajíos, 
Que de los nuestros fué luego llamada 
Como dellos en tantos sus desvíos 
Tanto se deseó, la Deseada: 



8. «Y dicen que se volviera, sino por unos celajes que vio muy lejos, 
teniéndolos por certísima señal de haber tierra cerca de allí.» Así en López 
de Gomara. 

15. Este marinero de Lepe, que Zapata no nombra, se llamó Rodrigo 
de Triana, que, despechado por no habérsele concedido la pensión ofrecida 
al que primero viese tierra, apostató y se huyó a los moros. 



— 24 — 

Con no oído placer que dello hobieron 
En la tierra Colón y ellos salieron. 

Los indios, que de lejos descubriendo 
Tres naves no antes vistas, venir vían, 
5 Qué cosa fuese aquélla no sabiendo, 
De admiración y espanto se hinchían: 
Que sobre el mar las casas discurriendo 
Anduviesen, creer no lo podían. 
Con espanto de ver cosa tan fiera 
10 Se allegaron por ver a la ribera. 

Mas, desde que más cerca relumbrando 
Las españolas armas descubrieron, 
Atónitos quedaron, tal mirando, 

Y por nuevos portentos lo tuvieron: 
15 Como los que en las nubes peleando 

En la muerte de César armas vieron, 

Y así la multitud huye y camina 
En saliendo la gente a la marina. 

De los cuales los nuestros no alcanzaron 
20 Sino tan sola a una india que huía, 

Que con comer, como ave, la amansaron 

Y tornaron el miedo en alegría, 

Y a llamar a los otros la enviaron, 
Que vinieron allí luego aquel día, 

25 Con plata, perlas y oro en sus fardeles; 
Que trocaban por vidro y cascabeles. 



6. La forma primitiva de este verbo fué hinchir, como se nota en el 
siguiente ejemplo de Agustín de Zarate: «...que parecía [la sala] no poderse 
hinchir, aunque se juntase para ello todo el oro que había en el mundo...»; 
y en varios de La Araucana, cuyo comento doy en mi obra sobre Ercilla. 

(168-4-5). 

23. «Los indios, como los vieron salir a tierra con armas y a gran prisa, 
huyeron de la costa a los montes, pensando que fuesen como caribes que 
los iban a comer. Corrieron los nuestros tras ellos, y alcanzaron una sola 
mujer. Diéronle pan y vino y confites, y una camisa y otros vestidos, que 
venía desnuda en carnes, y enviáronla a llamar la otra gente». López de 
Gomara. 

26. Así se decía antaño, vidro, por vidrio. Cervantes en Don Quijote usó 
indistintamente de ambas formas: «es de vidro la mujer»; «...botones de 
vidro ...». 



— 25 — 

Y sin ser unos de otros entendidos, 
Por señas como mudos se entendían, 

Y los indios allí humildes venidos 
A los nuestros en todo les servían: 

Así los nuevos reinos nunca oídos 5 

Los hallaron los que aun no lo creían: 

Cuatro veces Colón con su compaña 

A las Indias fué, y cuatro volvió a España. 

En las cuales por él las islas fueron 
Española y de Cuba descubiertas 10 

Y las tierras que el pie firme tuvieron 

Y estaban hasta entonces encubiertas: 
Después del otros muchos descubrieron 

Lo que hoy se sabe, y llega a nuestras puertas, 
Hasta llegar con sed, hambre y afanes 1 5 

Al estrecho cruel de Magallanes. 

En lo que ellos pasaron tanta afrenta 

Y milagros mostró el Rey de la gloria, 
Que, señor, yo de todo daros cuenta 

Sería hacer muchas, no una historia: 20 



7. Observa el léxico de la Real Academia que compaña, por compañía 
es voz anticuada, si bien se usa todavía en algunas partes; y así la escribía 
Cervantes: «...comieron los dos en buena paz y compaña...» «...sentados 
todos tres en buen amor y compaña, merendaron y cenaron todo junto». 
Don Quijote, I, c. 10, y II, cap. 22. 

17. Cervantes ha deslindado en un pasaje de Persiles y Sigismunda la, 
diferencia que hay entre agravio y afrenta: «...supo, asimismo, cómo su 
contrario había heredado el estado de su padre, y que había muerto en 
amistad de su padre de Antonio, a causa que con infinitas pruebas, naci- 
das de la intrincada seta del duelo, se había averiguado que no fué afrenta 
la que Antonio le hizo, porque las palabras que en la pendencia pasaron, 
fueron con la espada desnuda, y la luz de las armas quita la fuerza a las 
palabras, y las que se dicen con las espadas desnudas no afrentan, 
puesto que agravian: y así el que quiere tomar venganza dellas no se ha 
de entender que satisface su afrenta, sino que castiga su agravio». Colee. 
Rivad., t. I, p. 639. 

Ercilla empleó afrenta en el mismo significado que lo hizo aquí Zapata, 
o sea de aprieto, trance, cuando escribió, refiriéndose al peligro de naufra- 
gio que corrieron las naves de la armada en que se dirigía a Talcaguano: 

Pero, ¿quién será aquel que en tal afrenta... 



— 26 — 

Con esto solamente tened cuenta 

Y tened, señor, esto en la memoria, 
Para ser muy devoto muy sin cuento 
Del Sanctísimo Sancto Sacramento. 

5 Que después que fué el Señor Soberano 
En la misa en las Indias celebrado, 
Los enemigos del linaje humano, 
Que antes traían la gente a su mandado 

Y a los indios hablaban a la mano, 
10 De allí huyeron luego, a su desgrado, 

Y en oyendo una vez sola los crudos 
La palabra de Dios, quedaron mudos. 

Y una cruz que en las Indias fué plantada 
Por Colón, donde está hasta hoy en día, 

15 Que de los indios ser nunca arrancada 
No ha podido jamás por su porfía, 
Por sólo el palo della (en quien cortada 
La madera, otra vez reverdecía) 
Sanó copia de enfermos, cojos, tuertos, 

20 Y así resuscitó a infinitos muertos. 



9. A la mano, es modo adverbial figurado, dice el léxico «con que se 
denota ser una cosa llana y fácil de entender o de conseguir». 

10. Desgrado: anticuado, por desagrado. 

13. López de Gomara menciona apenas el hecho, al decir: «Adoraban 
la cruz, dábanse en los pechos, e hincábanse de rodillas al Ave María, como 
los cristianos». 

Lope de Vega en su comedia ya citada de El Nuevo Mundo (para no 
hablar de los cronistas, como Oviedo o Las Casas) ha contado por extenso 
los prodigios obrados por la cruz de que se hace mérito en esta estrofa, 
sin olvidar el de su reverdecimiento: 

Dulcanquellín. — Pues al punto 

Se quite aquesta cruz de donde estaba. 
Tacuana. — Bien dices, tirad todos; ya está fuera. 

Dulcanquellín. — Llevadla luego, y en la mar echadla. 

¡Mas escuchad, que reverdece el tronco!... 

19. Copia, voz frecuentísima en los clásicos en su significado de abun- 
dancia, cuyo uso en Chile es punto menos que desconocido, por más que 
se hayan conservado sus derivados acopio, acopiar, copioso, copiosamente, 
y se la encuentre muchas veces en La Araucana, en el Arauco domado de 



— 27 — 

Pero ya que, señor, sabéis en parte 
Cómo se descubrió esta tierra extraña, 
Bien es que veáis agora en esta parte 
Ya la conquista de la Nueva España, 
Que Hernando Cortés, un nuevo Marte, 5 

Conquistó por su esfuerzo, industria y maña, 
Veamos lo que traen con sus loores 
Al Emperador sus embajadores. 






Pedro de Oña y aun hasta los tiempos del P. Ovalle: «...en este lugar se 
ha sacado y saca siempre [oro] en mayor o menor copia, conforme es llu- 
vioso el ivierno...» Histórica relación, I, p. 302, segunda edición. 

El mismo Zapata la emplea también en su Miscelánea, p. 378 «Hacían 
copia de caballeros en la corte para un juego de cañas...» 

8. Los primeros procuradores, como se decía en aquel tiempo, despa- 
chados por Cortés y la ciudad de Veracruz a Carlos V fueron Francisco de 
Montejo, nombrado en seguida por el poeta, y Alonso Hernández Por- 
tocarrero, que partieron de San Juan de Ulúa en una nave gobernada por 
el piloto Antón de Alaminos; llegaron a la Habana con buen viaje, cruza- 
ron por primera vez el canal de Bahama, pasaron por las Terceras y arri- 
baron sin novedad a Sevilla, de donde, por la posta, se encaminaron a Va- 
lladolid, asiento entonces de la Corte. Para sus gestiones en ella se les 
juntaron Martín Cortés, el padre de Hernando, y el licenciado Francisco 
Núñez, que hubieron de estrellarse desde el primer momento con la mala 
voluntad del presidente, don Juan de Fonseca, en un todo del partido de 
Diego Velásquez, tanto, que habiendo tratado mal de palabra a Montejo y 
ante las reclamaciones de éste, le mandó meter a la cárcel e iniciarle un proceso 
a pretexto de que «había sacado de Medellín, tres años había, una mujer que 
se decía María Rodríguez, y la llevó a las Indias». Hubieron, pues, de ca- 
llar y dar cuenta al Emperador, que se encontraba en Flandes, de la ma- 
nera cómo eran tratados, de la embajada que llevaban y de los presentes 
que Cortés le enviaba; «y como lo vio y entendió, refiere un antiguo cro- 
nista, fué tanto el contentamiento que mostró, y los duques, marqueses y 
condes y otros caballeros que estaban en su Real Corte, que en otra cosa 
no hablaban por algunos días sino de Cortés y de todos nosotros los que 
le ayudamos en las conquistas». Díaz del Castillo. 

Portocarrero solicitó licencia para irse a Flandes, que Fonseca no sólo 
le negó, sino que le mandó echar en la cárcel, en la cual murió. Con el fa" 
vor de algunos nobles y especialmente del Duque de Béjar, que fué «el 
que más metió la mano», recusaron a Fonseca ante Adriano, después Papa 
VI de ese nombre, logrando al fin que a Cortés se le diese la gobernación 
de la Nueva España y a Montejo el adelantamiento de Yucatán y Cozumel. 

Mucho habría que decir de este último, «hidalgo de mucho valor>, según 



— 28 — 

Después que entraron dentro, y juntamente 
Para hablar les fué dada licencia, 
Delante de gran corte, de alta gente, 
Del gran Emperador y en su presencia: 
5 El que más era dellos elocuente, 

Montejo, y tenía más dello experiencia, 
Con agradable voz, clara y entera 
Encomenzó a hablar desta manera: 

¡Oh Rey y Emperador, a cuyos fueros 

10 Se traen de acá y de allá nuevos estados! 
Nosotros tus vasallos, compañeros 
De Hernando Cortés, y sus soldados, 
Que a ti somos por él por mensajeros 
De sus buenos sucesos enviados, 

15 Ante ti (pues licencia ya tenemos) 
Cosas de que placer hayas, diremos. 

Cortés, porque de un hombre tan famoso 
El principio primero se recuente, 
Para que el tener poco un generoso 

20 Para obrar no sea a nadie inconveniente, 
En Medellín, de España el más hermoso 
Lugar, nasció de limpia y noble gente, 
De padres hijosdalgo y sin contienda, 
Aunque pobres de haber y de hacienda. 



le calificaba Bernal Díaz del Castillo, tarea que no me incumbe; pero sí 
diré que su figura se hizo popular en España por haber sido sacada más 
de una vez a las tablas. 

6. Francisco de Montejo, de quien vuelve a hablar más adelante. 

8. Encomenzar, anticuado: comenzar. 

18. Recontar, por contar, relatar, referir, muy usado en escritores penin- 
sulares desde el primer tercio del siglo XVI, como lo notó Rodríguez Marín 
(Barahona de Soto, p. 391), afecta un origen italiano, a juicio del sabio hu- 
manista. Su empleo por los autores de cosas de América, como Oviedo, 
Ercilla, Cieza de León, Castellanos, Barco Centenera, se puede acreditar 
fácilmente. 

24. Hernando Cortés «fué hijo de Martín Cortés de Monroy, no rico, 
aunque de noble casta, y de doña Catalina Pizarro, del acunia (sic) de los 
Pizarros y Altamiranos, también noble... Cervantes de Salazar, p. 116. 






— 29 — 

Crióse muy enfermo, que llegaba 
Muchas veces al puerto de la muerte; 
Mas, una ama sagaz que le criaba 
Le echó los doce Apóstoles en suerte, 

Y a Sant Pedro, que fué el que atrás quedaba, 5 
Le dio por abogado, y desta suerte, 

Como el rogar a Dios es nunca en vano, 
Cortés de sus dolencias quedó sano. 

De aquí gran devoción toda su vida 
Le quedó con este apóstol santo; 10 

Y cada año su fiesta esclarecida 
Fué celebrada del con loor y canto: 
Dos años para oir leyes sin medida 
Estudió en Salamanca, tanto cuanto, 

Mas, harto de estudiar, sin detenencia 15 

A los padres volvió sin su licencia. 



«Entrambos [los padres de Cortés] eran hidalgos, ca todos estos cuatro 
linajes Cortés, Monroy, Pizarro y Altamirano, son muy antiguos, nobles y 
honrados. Tenían poca hacienda, empero, mucha honra...» Gomara. 

8. Cortés, siendo niño, enfermó gravemente y sanó por intercesión, se- 
gún decían, de San Pedro, a quien su ama se encomendó, después de 
haberle sacado en suerte entre los santos: práctica que solía usarse antaño 
y que la vemos todavía en uso en Chile en el primer tercio del siglo XVII. 

«De ahí tuvo siempre Cortés por su principal abogado y devoto al glo- 
rioso apóstol de Jesucristo sant Pedro, y regocijaba cada un año su día en 
la iglesia y en su casa, donde quiera que se hallase». Gomara. 

14. Tanto cuanto en su valor de muy poco, algún tanto, como en estos 
ejemplos que nos ofrece Cervantes en Don Quijote: «y así, no se hubo mo- 
vido tanto cuanto, cuando se desviaron los juntos pies de don Quijote...» 
«Quisiera tener aliento para poder hablar un poco descansado, y que el 
dolor que tengo en esta costilla se aplacara tanto cuanto, para darte a en- 
tender, Panza, en el error en que estás». Parte I, caps. 15 y 43. 

En ningún gramático hallo consultado este uso de tanto cuanto en su 
valor de un poco, excepción hecha de Garcés, quien dice: « ...sentido contra- 
rio [a todo] os darán estas mismas voces, si yendo unidas pero con más ín- 
tima unión forman las dos uno solo y único sentido, como pudiera la sola 
palabra un poco... » Tomo I, p. 320, segunda edición. 

15. Detenencia, anticuado, por detención. 

16. «A los catorce años de su edad lo enviaron sus padres a estudiar a 
Salamanca, do estudió dos años, aprendiendo gramática en casa de Fran- 



— 30 — 

Y como aquel que allí no reposaba, 
A sus padres pesar y enojo dando 
Estuvo si iría (ya que irse pensaba) 
Con el Gran Capitán mucho pensando, 
5 (Que entonces para Ñapóles pasaba) 
O a las Indias con un su deudo Ovando: 
Al fin se resumió en esto postrero, 
De donde había gran fama de dinero. 

Mas no pudo ir allá, que de dolencia 
10 Se quedó, y de otros más inconvinientes: 
Volvió a Italia, queriendo ir a Valencia, 
Donde se anduvo al hilo de las gentes: 
De allí volvió a las Indias con licencia 
De sus padres, amigos y parientes, 



cisco Núñez de Valera, que estaba casado con Inés de Paz, hermana de 
su padre. Volvióse a Medellín harto o arrepentido de estudiar, o quizá falto 
de dineros. Mucho pesó a los padres con su ida, y se enojaron con él por- 
que dejaba el estudio.» 

6. Don Nicolás de Ovando, comendador de Lares, nombrado goberna- 
dor de Santo Domingo. 

7. Resumirse, que vale aquí lo que resolver en último término, acepción 
que no se registra en el léxico, fácil de comprobar con ejemplos de buenos 
autores, verbigracia, Ercilla, que emplea ese verbo no menos de tres veces 
en tal significado (176-5-3). 

En disputa la lucha resumieron... 

Juan de Castellanos (Elegías, p. 86): 

El Polo se resume que escribiese 

De su mano el mandato y que se asiente... 

Garcilaso, égloga II: 

Pues, ¿en qué te resumes, di, Salicio, 
Acerca deste enfermo compañero? 

12. Irse al hilo de la gente es frase, dice el Diccionario de Autoridades, 
«con que se significa que alguno sigue el dictamen o parecer de otro, sin 
averiguar su certidumbre o firmeza, sólo por verle aplaudido de muchos», 
citando como comprobante el siguiente ejemplo de la Historia de Santo 
Domingo del P. Castillo: « Al hilo de las gentes se va sin más discurso, la- 
drando cuando ladran todos, halagando cuando todos halagan». 



— 3i ~ 

Y a gran peligro, al cabo con su sola 
Persona, al fin llegó a la Isla Española. 

Así al Emperador le iban contando 
De Cortés el principio y sus hazañas, 

Y a aqueste punto y término llegando 5 
Los que habían de decir cosas extrañas, 

Un dolor nuevo, y un pesar que entrando 

Me traspasa y me rompe las entrañas, 

De que quebrar el corazón me siento, 

Atajo a los de México su cuento. 10 

Ni por agora más se quiera dellos 
Saber, ni más de mí agora se pida, 
De la pluma mi mano a los cabellos 

Y a mis barbas con ansia es convertida: 



2. «Mas, entretanto que Ovando aderezaba su partida y se aprestaba 
la flota que tenía de llevar,, entró Fernando Cortés una noche a una casa 
por hablar a una mujer, y andando por una pared de un trascorral mal 
cimentada, cayó con ella... Quedó malo de la caída, recresciéronle cuar- 
tanas que le duraron mucho tiempo; y así, no pudo ir con el gobernador 
Ovando. Cuando fué sano, determinó de pasar a Italia, según ya lo había 
primero pensado, y para ir allá echó camino de Valencia; mas no pasó a 
Italia, sino andúvose a la flor del berro, aunque no sin trabajos y necesi- 
dades, cerca de un año. Tornóse a Medellín con determinación de pasar a 
las Indias; diéronle sus padres la bendición y licencia para ir». Gomara. 

Las peripecias de su viaje, que hizo en una nave de Alonso Quintero, 
que si no hay homonimia de por medio, debe de ser el mismo piloto que 
ha dejado su nombre a un puerto de Chile, se hallan contadas por todos 
sus historiadores. Su arribo a la Española se efectuó en 1 504. 

14. Compruébase el valor que tiene aquí convertir de dirigir, volver, 
enderezar, con estos otros ejemplos de Ercilla (432-5-7; 470-1-3). 

Tenemos en la espada confianza, 

Que os quitará (en vosotros convertida)... 

Que por la cara patria han convertido 
En sus mismas entrañas las espadas... 

Véase el siguiente, que tomamos de Cervantes (Numancia, jornada III, 
esc. 1): 






Lina. — El hierro agudo, el brazo belicoso 

Contra mí, buen soldado, se convierte. 



— 32 — 

Alegres cuentos ya no quiero vellos, 
Pues fenesció la vida de mi vida, 
Y con grave dolor, rabia y quebranto 
El lloro corta el hilo de mi canto. 





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Canto XII.— En este eanto los que envió Cortés desde las Indias prosiguen contando 
al Emperador la conquista de la Nueva España. 

La pena y el dolor cuando a la cumbre 
Llegan de un corazón entristecido, 
Como de haber la dulce y clara lumbre 5 

(Con quien juntado Dios me había) perdido: 
Pierde hombre el seso, el tino y la costumbre, 
Pierde hombre la razón, pierde el sentido, 

Y se da, sin tener más, poderío, 

Del dolor poderoso al albedrío. io 

Como la nao que la terrible afrenta 
Del tempestuoso tiempo no sufriendo, 
El arte y el saber que la sustenta, 
En tal fortuna igual al mal no siendo, 
Se da en poder de la cruel tormenta 15 

Que acá y allá la lleva padeciendo: 
Así a mí me ha ocupado el dolor fiero 
De ti, doña Leonor Puertocarrero. 

Así a mí me ocupó mi desventura 

Y tu bien con tormentos nunca oídos, 20 

Y como allá llevaste la cordura 

Y otros bienes acá no merescidos: 
Bondad, gracia y saber y hermosura, 



— 34 — 

Tras ti así me llevaste los sentidos, 

Y con dolor tan grave, como cuento, 
Perdí el seso, perdí el entendimiento. 

Y por vivir en llantos y agonías 
5 Perdí de toda cosa la memoria, 
El bien en mal troqué, y el alegría 
En pesar, y en tormento cruel la gloria: 

Y así (yo lo confieso) aquí querría 
Dejar del alto Emperador la historia., 

10 Más escritor ya de élegos dolientes 
Que no de hechos claros y excelentes. 

Cuando entre mis sospiros y entre enojos, 
En medio de mis lágrimas extrañas 
Alcé el rostro, y vi aquella ante mis ojos 

15 Que está y estará siempre en mis entrañas: 
Traya los hermosísimos despojos 
Que, (si, mi corazón, tú no te engañas) 
No ha dado en nuestro tiempo la natura 
De humana carne acá tal vestidura. 

20 Y con el resplandor que de sí daba 
Mi aposento alumbró escuro y sombrío, 

Y de olor celestial que penetraba 



10. Elego, adjetivo, sustantivado aquí, que vale elegiaco. 

12. Así solía escribirse antaño suspiro, forma que no registra el léxico. 
Ercilla y Cervantes decían todavía sospiro y sospirar. Valgan estos ejem- 
plos de La Araucana (109-1-2; 117-37). 

Los sospiros, clamores y lamento... 
Antes sospiran, gimen y se ofenden... 

16. Traya: así también se halla todavía en Do?i Quijote, verbigracia 
(Parte I, cap. XIV): «Ticio traya su buitre...» Forma sobre la cual obser- 
va el sabio comentador de Cervantes: «... de traer se dijo trayo y traya, 
como de caer cayo y caya», que corrobora con otro ejemplo de aquella obra 
y uno de un auto del siglo XVI. 

21. Escuro, anticuado, que aun se conserva en nuestra habla popular, 
de empleo frecuente en los escritores de aquel tiempo, verbigracia, en La 
Araucana, en la que se le halla no menos de treinta veces y de que sería 
ocioso presentar ejemplos. 



— 35 — 

Le hinchó, como hinche un vaso un río: 

Páseme a tanto bien, y ella que estaba 

Mirándome, me dijo: Señor mío, 

¿Por qué ofendes con lágrimas y llanto 

A quien te amaba a ti y tú amabas tanto? 5 

¿Por qué gimes por mí y lloras en vano? 
¿Por qué por quien está en tanta alegría 
Llorar? No, no se debe de un cristiano 
El fin, que acaba en Dios y en Dios confía. 
¿Por qué defraudas al linaje humano 10 

Del talento que Dios dado te había 

Y así por plantear dejas la historia 

Con que a Dios servías, digna de memoria? 
A Dios, que allá da al bien el pago en lleno 

Y quiere aun que haya acá loores enteros 1 5 

Y que viendo después un rey tan bueno 
Por ti, y tan excelentes caballeros, 
Espuelas a obrar bien, y obrar mal, freno 
Después sea a los mortales venideros 

Y vean el bien y el mal puesto en su asiento 20 
En un tan claro y ilustre monumento. 

Ni pienses que estos casos tan sangrientos 
Sin el querer de Dios da la ventura, 
Que cuando más estábamos contentos, 
Metió en tanto dulzor tanta amargura: 21 

Pon sólo en el Señor tus pensamientos, 
Pues vees que el bien de acá nada no dura, 

Y mientras place a Dios y a su medida, 
Ni te ofenda mi muerte, ni tu vida. 



1. Hinchó, de henchir. Observa Selva en su Guía del buen decir, n. 210, 
que henchir «poco se usa en la primera persona del indicativo, porque la 
forma hincho viene a corresponder también al verbo hinchar... Siguiendo 
lo norma que ofrecen Hojeda, Moratín (N.) y algunos otros autores, hinchó 
pertenecerá a henchir y no a hinchar. La Academia, Bello, Isaza y otros 
gramáticos conjugan hinchió, hinchieron, etc., ni faltan buenos escritores 
que autoricen plenamente tal decir», citando en comprobante el siguiente 
verso de Ercilla (168-4-5): 

Hinchieron de las mesas los asientos... 



- 3 6- 

Así diciendo, a mí, que entre alegría 

Y lágrimas estaba ante ella atento 

Y que a sus pies besar irle quería, 
Se desaparesció luego al momento: 

5 Como se vuelve así invisible al día 
Una hermosa llama a su elemento, 
Así invisible se tornó ella al cielo, 

Y yo otra vez por muerto caí en el suelo. 
Vete con Dios y en paz, alma hermosa, 

10 Dejando al triste estar con los contentos, 

Y si para llorar mi propia cosa 
Pueden algo mis versos y lamentos: 
Siempre el mundo tendrá piedad llorosa 
De que este año de mil y de quinientos 

15 *Y de cincuenta y ocho, a tres de Enero, 
Perdí a doña Leonor Puertocarrero. 

Mas, por hacer en todo tu mandado 
(Sin que me sean las lágrimas excusa) 
Volver quiero al propósito olvidado, 

20 Aunque en mí vea las cosas muy confusas: 
Mas tú, más que las Ninfas que he invocado 
Hermosa, y tú, más sabia que las Musas, 
Torna añudar (te invoco) el roto hilo 
De nuestro ñudo roto, de mi estilo. 

25 Excelso y alto Príncipe, si cuando 
Voy a escribir, me deja el dolor fiero 
Que me está estas entrañas traspasando, 
A la historia de Cario tornar quiero: 



23. Torna añudar, suprimida la preposición a por omisión mecánica de 
una vocal idéntica a la con que termina una palabra y principia la siguien- 
te, práctica frecuente en los antiguos textos impresos; pero más que esto, 
recuérdese, a propósito de añudar, lo que escribe Rodríguez Marín comen- 
tando esta frase del Quijote, t. II, p. 355, nota 13: «y añudemos el roto hilo 
de mi desdichada historia». «Añudemos, o a?iudemos, el hilo. Esto es cas- 
tizo, y no el reanudar de ahora, traído y mal traído del renouer francés. Y 
si quisiéremos decir anudar de 7iuevo, mejor será prescindir de ?'eanudar y 
por huir hasta de las semejas galicistas, y decir tornar a anudar, tal como 
lo dijo Cervantes en Persiles y Sigismunda, libro II, cap. III: «...una vez, 
tornando a anudar la plática pasada...» 



— 37 — 

Los de Cortés que los oía él orando, 
Prosiguiendo su cuento verdadero, 
Decían así: Con su persona sola, 
Señor, Cortés llegó a la Isla Española. 

Tenía en esta sazón diez y nueve años, 5 

Y a veces de anegarse en punto estuvo, 

Y después padeció infinitos daños 

De trabajo y de sed y hambre que hubo: 
Hízole la Fortuna mil engaños, 
Preso y en disfavor gran tiempo anduvo, 10 

Porque el Gobernador destos partidos 
A los que le querían mal daba oídos. 
Y una vez de las cárceles, forzado 
Le fué de se salir por fuerza humana, 
Quebrantó de sus hierros el candado 15 

Y se descolgó a la fin de una ventana; 

Y otra, que en una nave aherrojado 



5. «Tenía Hernando Cortés diecinueve años cuando el año de 1504 que 
Cristo nasció, pasó a las Indias». Gomara. 

9. Alude aquí, según se colige, a la postema que se le formó a Cortés 
en la pierna derecha: «Decían sus amigos que eran las bubas, porque siem- 
pre fué amigo de mujeres, y las indias, mucho más que las españolas, infi- 
cionan a los que las tratan». Cervantes de Salazar, Crónica de Nueva Es- 
paña, p. 118. 

10. Disfavor, que vale aquí lo que hoy llamamos «caer en desgracian y 
a que Ercilla aludía en su testamento poético inserto al fin de La Arauca- 
na, diciendo que le tenía 

Arrinconado en la miseria suma. 

Es voz que Zapata describió de mano maestra en uno de los sabrosos pá- 
rrafos de su Miscelánea, que resulta muy largo para insertarlo aquí. 

16. «Cortés que se vio en el cepo, temió algún proceso con testigos fal- 
sos, como suele contecer en aquellas partes. Quebró el pestillo del canda- 
do del cepo, tomó la espada y rodela del alcaide, abrió una ventana y des- 
colgóse por ella y fuese a la iglesia». Gomara. 

Fin, femenino, se le encuentra todavía en La Araucana (222-5-4). 

La fin tuya y principio de mi llanto... 

«Desorden, fin, observa Bello (Gramática, p. 40) son hoy constantemen- 
te masculinos». Podríamos citar infinidad de ejemplos del uso femenino 



\ 



- 38 - 

So sota estaba su persona ufana, 
Sacó el pie a gran afán de la cadena 
Y salió por la bomba a gran pena. 

Y tomando el esquife del navio, 
5 De noche escura al mar se echó remando; 
Mas, tanta la corriente era de un río, 
Que temió aquesta, al barco trastornando, 
De su ropa y papeles hizo un lío 
Sobre sí, y por el piélago nadando 
io Como un pez contra la corriente fiera 
Salió del mar cansado a la ribera. 

Así el lino, en nasciendo, es trabajado, 



de esa voz antaño, que así siguió en Chile aun hasta mediados del si- 
glo XVII: 

Y entiendan a la fin los descreídos 

Que estamos sin Dios, aunque afligidos... 

Las Guerras de Chile, canto X, p. 213. 

I. Sota, voz de origen hebreo rabínico, según el léxico enseña, vale 
debajo en su acepción anticuada. Esa expresión so sota era corriente anta" 
fio. Contando este incidente de la vida de Cortés, la emplea también Ló- 
pez de Gomara: «y metiéronle en una nave so sota~»\ y Cervantes de Sala- 
zar: «Había al presente en el puerto de la villa de Barucoa (sic) un buen 
navio, en el cual mandó [Diego Velásquez] meter a Cortés bien aprisionado 
y debaxo de so sota». Entiendo que esa expresión significa aquí lo que di- 
ríamos hoy en la cala de la nave. 

3. Apenas necesito decir que López de Gomara refiere el hecho en la 
misma forma que nuestro poeta: «Probó muchas veces a sacar el pie de la 
cadena, y tanto hizo, que lo sacó, aunque con grandísimo dolor. Trocó 
luego aquella mesma noche sus vestidos con el mozo que lo servía; salió 
por la bomba sin ser sentido. Colóse de presto por un lado del navio al 
esquife...» Pero Cervantes de Salazar niega este aserto del cronista, al par 
que coincide en que «tuvo manera, aunque con mucho trabajo, cómo qui- 
tarse las prisiones y salirse por un escotillón... y no, como dice Gomara, 
que, trocando sus vestidos con el mozo que le servía y saliendo por la 
bomba, se metió en un esquife». Página 122. Con todo, mucho más vero- 
símil parece la relación de López de Gomara que la de su impugnador, 
quien supone que Cortés, que no sabía nadar, se abrazó a un madero, en 
el cual las olas le llevaron una legua mar adentro, y que después, con la 
creciente, logró llegar a tierra. 

II. Véase lo dicho en la nota precedente. 



— 39 — 

Se enría y maja y espada y va de hecho 

Por rastrillo, rueca, aspa, y fatigado 

Es siempre antes que salga de provecho: 

Por mil trances va un hombre señalado 

Hasta que la Fortuna, a su despecho, 5 

Que del bien con envidia le desvía, 

Se deja al fin vencer de su porfía. 

Después de haber pasado estas tormentas, 
Un lustro, a su pesar, se estuvo quedo, 
Y se dio a granjear, y en estas rentas 10 

Para armar poder tuvo su denuedo 
La flota que diré; de aquestas cuentas 
Inferir, de cualquiera, y decir puedo, 
República, rey, pobre o caballero, 
Que los ñervos le son tener dinero. 15 

Ni le es a un capitán muy valeroso 
Faltarle esto que digo de la mano 
Más que faltar la pluma a un animoso 
Halcón para ir al cielo de la mano: 
Saber, fuerza, linaje generoso 20 

¿Qué valen? ¿Qué, tú, vales, mundo vano? 
Pues, ¿qué es (sin que yo en esto nada exceda) 
Quien te manda y gobierna? ¡La moneda! 

Pues nuestro capitán armó a la fama 
Del saber que en la Nueva España había, 25 

La Nueva España, ya agora se llama, 
Pero Yucatán antes se decía, 
Allí en Cuba once naos de buena trama. 



15. La forma arcaica corriente fué niervo, de acuerdo con los cánones 
usuales de la lexicología castellana, como nota Cuervo; pero sin que falte, 
cual en este caso, ejemplo de ñervo, en la que se junta y palataliza el dip- 
tongo ie, que conservan los campesinos de Chile. 

19. Bien se ve en esta comparación y en otras que luego se han de ofre- 
cer, cómo trasciende la afición del cazador y aparece el entendido en ce- 
trería. 

Para la cabal inteligencia del concepto encerrado en este verso, hay que 
leer desde por de: tal como escribió también Ercilla: 



Canten de hoy más los que tuvieren vena. 



— 40 — 

Y juntó para el fin que él emprendía 
Quinientos y cincuenta compañeros, 
De los que eran los ciento marineros. 

De los cuales hizo once compañías, 
5 A compañía por nave, y les dio el ante 
A Ordaz, Montejo, Olid y León; por guías 
Salcedo, Avila, Moría y Escalante, 

Y a Escobar, que era aún de pocos días, 
Fué Puertocarrero otro en tal instante 

10 De aquestos capitanes que elegía, 

Y él tomó para sí otra compañía. 



3. López de Gomara señala el mismo número, pero reduce a cincuen- 
ta el de los marineros. Otro tanto afirma Cervantes de Salazar: «Llegados 
todos los navios y gente del armada de Cortés a Sant Antón, hizo luego 
allí alarde y halló que llevaba quinientos e cincuenta españoles, de los 
cuales los cincuenta eran marineros». Página 127. 

5. Dar a uno el ante es locución que no registra el léxico: claro está 
que equivale en este caso a decir el mando. Ante, preposición, pasa aquí a 
desempeñar así el oficio de sustantivo, como en este otro ejemplo que ha- 
llo en la comedia El Nuevo Mundo de Lope de Vega, ya citada, acto 
II, escena IV, p. 588: 

Zelín. — Deja el ámbar y las flores, 

Juega el freno, embraza el ante...: 

acepción de ante que no se encuentra tampoco en el léxico. 

11. Los nombres de los capitanes de Cortés fueron, según el orden en 
que aparecen indicados en el poema: Diego de Ordaz, Francisco de Mon- 
tejo, Cristóbal de Olid (cuya efigie puso Antonio de Herrera en uno de los 
frontis grabados en cobre que adornan sus Hechos de los Castellanos), 
Juan Velásquez de León, Francisco de Saucedo o Sauceda (el Salcedo del 
texto), Alonso de Avila, Francisco de Moría, Juan de Escalante, Alonso 
Hernández Puertocarrero; el de Escobar no consta en ninguno de los dos 
cronistas que he venido citando, ni tampoco en Díaz del Castillo, que le da 
por apodo «el paje». Página 23. 

Laso de la Vega, Cortés Valeroso, canto I, también le nombra: 

Escobar, llamado el Viejo, 

Por arriscado, platico y severo... 



— 41 — 

Por piloto mayor nombró a Alaminos 
Desta navegación dudosa y larga; 
Tomó docientos indios de allí, dinos, 
No más que solamente para carga; 

Y diez y seis caballos, que vecinos 
Le dieron y haber pudo a dicha larga: 
Avitualló la flota en tal manera, 

Y puso en lo alto della su bandera. 
Era de azul y blanco, hecha a fuegos, 



i. Antón de Alaminos, a quien llamaremos el Viejo, para distinguirlo 
de su hijo, que llevaba el mismo nombre y fué también piloto, era natural 
de Huelva o Palos. Acompañó a Colón en su cuarto viaje en calidad de 
grumete y sirvió después como piloto a Juan Ponce de León, a Francisco 
Hernández de Córdoba y, finalmente, a Cortés, quien le despachó a Espa- 
ña desde el puerto de San Juan de Ulúa, el 26 de Junio de 15 19, para que 
llevase a Carlos V la noticia de sus descubrimientos. Alaminos fué el des- 
cubridor de Yucatán, del Canal de Bahama y del Gulf Stream. 

3. En esta voz dinos [pudiera entenderse que media la licencia poética 
de suprimir la primera sílaba de ladinos; pero, quizás, cabe mejor la inter 
pretación de que vale aptos, o sea, dignos. El mismo número de indios se- 
ñalan López de Gomara y Salazar, y éste agrega que eran de Cuba, y que 
además de ellos, iban «ciertos negros y algunas indias para hacer pan». 

5. «...y diez y seis caballos y yeguas ...» Salazar. Bernal Díaz del Cas- 
tillo describe uno por uno esos diez y seis caballos y yeguas y apunta los 
nombres de sus dueños o jinetes. Conquista de Nueva España, p. 20, ed. 
Rivad. 

9. No consulta el léxico de la Real Academia la voz fuego en la acep- 
ción que en este caso le corresponde de tira o lista en forma de flámula o 
gallardete. Era, evidentemente, en aquel tiempo término de heráldica. La 
emplean con el mismo motivo Salazar, Gomara y Laso de la Vega 
(canto I): 

De contrapuestos fuegos variada, 
Blancos y azules, hizo su bandera... 

Interpretando el significado que en heráldica corresponde al fuego, se 
expresa así el Marqués de Aviles: «...y así en Armería puede significar 
aquellos que desean adquirir gloria, exponiéndose a maravillosas acciones, 
y combatiendo con ardor y coraje por el bien y el honor de su Príncipe y 
de su Patria, y llenos de generosidad elevan sus pensamientos del propio 
modo que el fuego lo hace con sus llamas.» Ciencia heroyca reducida a las 
leyes heráldicas del Blasón, Madrid, 1780, 8.°, t. I, p. 317. 

Ya sea que la voz de que se trata venga o no del francés flamme (de 



— 42 — 

Y una cruz en el medio colorada, 
Con una letra que podían ver ciegos, 
De lejos en la tela señalada, 
Que así decía por sí en renglones legos 
5 A los que iban allí en esta jornada: 
Sigamos esta cruz, que si creemos, 
En esta señal sancta venceremos. 



donde nuestro flámula) es lo cierto que la forma del gallardete representa 
gráficamente la llama o ei fuego, que en el significado simbólico que se le 
atribuye, en heráldica, por lo que acaba de verse, se aviene de todo en 
todo con los proyectos y empresas de Cortés, justificando en el hecho la 
razón que tuvo para idear su bandera en la forma que lo hizo. 

2. Letra, en su acepción de letrero, anticuada, según el léxico, voz que 
se encuentra usada en América hasta por lo menos mediado el siglo XVII. 
En La Araucana la vemos en aquel célebre pasaje en que el poeta, refi- 
riéndose a la que fué su mujer, dijo: 

Vi a sus pies una letra que decía 
Del tronco de Bazán doña María. 

Las referencias americanas a que aludíamos constan de La Argentina, 
de Barco Centenera: 

Las letras que en los palos se ponían... 

y de Las Guerras de Chile, canto X, p. 217. 

4. En renglones legos, esto es, en castellano, contraponiendo lego a 
erudito, con más especialidad en el caso presente para significar que la 
1 eyenda de la bandera no estaba escrita en latín o en griego o cualquiera 
otra lenga sabia. 

7. En tiempos de Cortés, lo acostumbrado en la milicia era que todos 
los capitanes llevasen su bandera peculiar. Así Ercilla, en la reseña que 
da de los que se alistaron en Lima para hacer la campaña de Chile, dice 
que allí 

Estandartes, enseñas y pendones 
Al viento en cada calle tremolaban: 

práctica que explica Fernández de Oviedo en sus Quinquagenas , p. 108, en 
os términos que siguen: «...Habernos de entender que los pendones y 
banderas son para que la gente de guerra é de los pueblos, en batallas 
donde hay copia de gentes, se puedan acaudillar é cada uno sepa a quién 
sigue... é con qué capitán milita, 'para lo cual cada general o particular ca- 
pitán trae diferenciada su bandera con sus armas o devisa...». 

Los «renglones legos» de que habla Zapata que llevaba la bandera de 



— 43 — 

Este fué el aparato, ésta la gente 
Que sacó el buen Cortés de aquella tierra, 
Con tan pocos, no hay número que cuente 
Cuántos pueblos ganó en aquella guerra: 
Pues, todo estando a punto, el excelente 5 

Capitán nos habló, aun estando en tierra, 
Nos hinchó de esperanza, y puso en tanto 
De sí en admiración y en gran espanto. 

Y luego él embarcado a su albedrío, 
De la punta de Cuba la postrera 10 

Al cabo de Cotoche alto y sombrío, 
Que de Yucatán la primer tierra era, 
Enderezó la proa de su navio, 
De quien seguían los otros la bandera: 
Dio nombre allá en el golfo el nombre amado 15 
Del apóstol Sanct Pedro, su abogado. 

La primer noche que iba atravesando 
De Cuba a Yucatán el golfo ondoso 
Se levantó un nordeste venteando 
Que desrotarse fué a las naos forzoso: 20 

Así esparcidas fueron, lugar dando 



Cortés, o sea, su divisa, eran, según Gomara: «Amigos, sigamos la cruz; y 
nos, si fe tuviéramos en esta señal, venceremos». «La bandera que Her 
nando Cortés tomó y puso en su navio era de tafetán negro; su devisa era 
una cruz colorada en medio de unos fuegos 'y aquí tenemos que de nuevo 
sale a campear esa voz) azules y blancos; el campo y orla, negros. La letra 
que iba por la orla decía: «Amigos, la cruz de Cristo sigamos, que, si en 
ella fe tuviéremos, en esta señal venceremos». Salazar, p. 128. 

Tal leyenda era, como se advertirá, simple paráfrasis de la que usó el 
emperador Constantino. 

1. Aparato es, según advierte Covarrubias, «el ornato y sumptuosidad 
de un señor y de su casa», que de ordinario se empleaba antaño refiriendo 
esa voz a los aprestos y arreos militares, como en este ejemplo que se halla 
en La Araucana de Ercilla (412-3-8): 

Que iba a reconocer bajo de trato 
La gente, alojamiento y aparato. 

18. Ondoso, anticuado: undoso. Usado aún por Pedro Oña. 
20. Voz de formación perfectamente idiomática, anticuada hoy sin fun 
damento y no registrada en el léxico. Se la halla empleada también por 



— 44 — 

Al temporal más que ellas poderoso, 

Y en Acuzamil, isla allí oportuna, 

Al fin las naos llegamos, excepto una. 
Aquella noche tempestuosa tanto 
5 De la nave de Moría el viento fiero 

Y el mar le rebataron entre tanto 
De la mano el timón al timonero: 
Hizo señal la nao, y amainó en tanto 
Cortés, y esperó, que iba el delantero, 

10 Y sobre ella fué con la capitana 

Y aguardó al resplandor de la mañana. 
Y con la nueva luz en más bonanza 

Se demostró la mar de antes tan brava, 

Y vieron sobre el agua a su ordenanza 
15 Que suelto acá y allá el timón andaba: 

Por él se echó al mar Moría, y sin tardanza 
Le sacó y le suplió adonde faltaba: 

Y estas dos naos que así se detuvieron 
A la postre a allegar a la isla fueron. 

20 Allí bien hospedados a la entrada 
Fuimos de los isleños halagueros 



López de Gomara en el pasaje que, evidentemente, sirvió de base a Zapata 
para la redacción de estaparte de su poema: «La primera noche que se 
partió Fernando Cortés y que comenzó a atravesar el golfo que hay de 
Cuba a Yucatán, y que temía pocas más de sesenta leguas, se levantó nord- 
este con recio temporal; el cual desrotó la flota». 

El término que en este caso usó Salazar fué desbarató, si hemos de ate- 
nernos al texto impreso, pero dudo de que tal diga y me inclino a creer 
que hay de por medio un yerro en la copia. 

6. Rebatar, otra de las muchas voces anticuadas empleadas en el poe- 
ma, y que vale arrebatar. 

13. De antes, m. adv. fam., dice el léxico, que vale de «tiempo anterior», 
cual en este ejemplo de Don Quijote: «...tan bien barbado y tan sano 
como de antes-»... I, cap. XXIX. Garcés lo escribía en una sola palabra, 
como hoy hacemos con denantes. 

19. Esta isla a que arribó la flota y en la cual pone Zapata la relación de 
las dos proezas fabulosas de Cortés que van a leerse, es la que se llamaba 
de Acuzamil y más generalmente Cozumel. Antonio de Herrera y Alcedo. 

21. Halagueros. Variante ortográfica de la voz a.vit'\cuia.da. falaguero, ha- 
lagüeño. 



— 45 — 

Tenía toda aquella isla atribulada 

Un águila, y un pez, dos monstruos fieros, 

Que no salía la gente, amedrentada 

Del águila, a los campos placenteros, 

Ni del tiburón crudo que temían 5 

Al mar o ríos llegar no se atrevían. 

Que si cerca del agua descuidados 
Hombres, caballos, y aun los otros crudos 
Se llegaban, del pez arrebatados 
Eran, y de sus dientes muy agudos: 10 

Y como estos isleños desarmados 
Fuesen, y casi siempre andan desnudos, 
El águila feroz que andar los vía 

Con su cruel pico y uñas los comía. 

Yo vi una vez lo que diré, que siendo 15 

Con todos ya al lugar Cortés llegado 
Quiso enviar un indio al mar, habiendo 
Cierta alhaja en las naves olvidado, 
Mas nadie ir quería, el águila temiendo: 
Quiso uno al fin, mas por su mal osado, 20 

Que en sus pies se fió, no entonces fieles, 
Porque Cortés le dio dos cascabeles. 

Estábamos a vista de la armada, 

Y había entre el mar y el pueblo un campo llano; 
Salió el indio desnudo a su embajada, 25 
Como al palio desnudo va el villano, 



26. Muy usada era en aquel tiempo la costumbre de correr el palio, 
fiesta que consistía en señalar cierto espacio en que los competidores iban 
a encontrar a su término un objeto como premio al que llegase primero 
en la carrera, y que, de ordinario, consistía en un pedazo de paño. Ercilla 
se vale en su Araucana varias veces de tal comparación: 

Para correr el palio acostumbrado... 
El ro]o palio al fin tocó el primero, 

refiriendo el hecho a una fiesta indígena. Bien gráfica es la pintura que 
Oviedo nos ha dejado en sus Quinquagenas (p. 545) de otra de esa natura- 
leza que vio en Roma y que intituló «El palio de los viejos». 



- 46 - 

Corriendo con presteza arrebatada, 
Como sale una jara de la mano: 
Estábamos mirando con espanto 
Cómo por aquel campo corría tanto; 
5 Cuando un terrible son, un fiero estruendo 
Oímos que del aire rompía el velo; 
Alcé el rostro, y venir vimos cayendo 
Como un cruel rayo el águila del cielo: 
No cae de arriba a una gallina siendo 

10 Un halcón muy cogido, ni al señuelo 
Tan presto, como el águila caía 
Al indio que en el llano correr vía. 

El triste, que venir siente el ruido 
Sobre sí y que sobre él amenazaba, 

15 Huye como una liebre espavorido, 

Y ya, ya la grande águila llegaba: 
Cayendo ella y surtiendo al dolorido 
Como una liebre un girifalte, andaba 

Y dejaba sus cuestas de uñaradas, 
20 Cada vez que caía, acuchilladas. 

Faltábale ya un poco en tal afrenta 
Para llegar a nuestras navecillas, 



11. Nueva manifestación de las aficiones y conocimientos cinegéticos 
del que había de ser autor del Libro de Cetrería. 
15. Espavorido, ant., despavorido. 

17. Surtir, en su acepción anticuada de rebotar, mucho más comunmen- 
te usado en su forma compuesta resurtir, en que se halla en muchos de 
los escritores americanos de la época colonial. 

Resurte arriba del macizo suelo, 

decía, por ejemplo, Ercilla (170-3-2). 

18. Girifalte, pero más comunmente dicho gerifalte, que es el mayor de 
los halcones que viven en España. De tal voz habría procedido, según se 
supone, nuestro falte. 

19. Cuestas, por costillas, que se usa todavía en la locución a cuestas, 
que vale en tal caso espaldas, como Cejador observa que se halla en la Bi- 
blia escurialense. 

21. Recuérdese lo dicho en nota anterior respecto del significado de 
esta voz afrenta. 



— 47 — 

Cuando ya al cabo el águila hambrienta 
Con el triste pegó por las costillas, 
Le asió recio y le hizo sin más cuenta 
Caer de rostro en tierra y de rodillas, 

Y sin él contrastar a furia tanta, 5 
Le metió luego el pico a la garganta. 

Nosotros desde el pueblo que así vimos 
En tanto aprieto a nuestro mensajero, 
Nuestras armas tomando arremetimos, 
Más fué tarde este acorro valedero, 10 

Que ya le tenía muerto cuando fuimos, 
Que del no sacó el pico ella, primero 
Que le cortó el pescuezo en poca pieza, 

Y le dejó a una parte la cabeza. 

Con la facilidad que por los llanos 15 

En los hermosos campos de Patilla 
El neblí que el lavanco hubo a las manos 
Degüella o en las marismas de Sevilla, 
Corre a sacarlo vivo de sus manos 
El labrador, mas más se maravilla 20 

Que por presto que vaya apresurado 
Ya la cabeza al triste el cruel cortado. 

Pues viéndonos llegar, se alzó volando, 
Como quien huye y va sin tener miedo, 
Un gran rato estuvímosla tirando 25 

Con arcabuces y arcos, con denuedo: 
Era tan grande y tal, que yo espantado 
Me estoy y agora aún pensar no puedo 



10. Acorro, vale socorro, y es derivado de acor?er, verbo frecuentemente 
empleado antaño. 

13. Antaño se decía en poca pieza, gran pieza, una pieza, por intervalo 
o lapso de tiempo: en todas esas formas encontramos la voz en La Arau- 
cana y en los escritores del buen tiempo. En América la emplearon Juan 
de Castellanos, Valbuena, Gaspar de Villagra y otros. El propio Zapata 
nos ofrece algún ejemplo de su uso en su Miscelánea, p. 254. 

17. Lavanco vale lo que entre nosotros pato silvestre. Nueva alusión a 
la práctica de cazador de Zapata. 

22. Falta el verbo, sin que sea admisible su elisión, produciéndose así 
una construcción viciosa. 



- 4 8 - 

Cómo en el aire un cuerpo tan pesado 
Podía ser de la pluma sustentado. 

Cortés viendo con tanta destemplanza 
Al miserable y triste indio herido, 
5 Con mucha compasión á la venganza 
Del y con grande enojo fué movido 

Y de todos los indios sin tardanza 

Por nuestro inmenso Dios le fué pedido 
Que déstos dos terribles monstruos fieros 
io Los librase él y nuestros compañeros. 
De allí al lugar nos fuimos aquel día, 

Y el otro Cortés solo salió al campo, 
Que con la homicida águila quería 
Para matarla sólo entrar en campo, 

15 Como toda aquella isla le pedía: 

Fué aqueste un muy reñido y recio campo 
De entre un hombre y un águila tan fiera, 
Que pasó, oh gran señor, desta manera: 
Salía el sol de las ondas encendido 

20 Y de los montes daba en el altura, 

Cuando Cortés, de una gran piel vestido 

Del hombre a la del muerto indio propia y pura, 

Un puñal y una espada ancha y segura, 

Salió al campo: era aquella piel humana 

25 De los que sacrifica esta isla vana. 
A las nubes estábamos mirando 
Nosotros todos desde las paredes 
Por ver si caer víamos volando 
A la que subió al cielo a Ganimedes, 

30 Que esta águila creo que era mayor, cuando 
Como un buho del paso va a las redes, 



10. Para que la concordancia resultase ajustada a los cánones, debió 
escribirse El los librase; sin embargo, sabido es que tales concordancias 
se hallan en los escritores del buen tiempo, sin excluir a Cervantes. 

25. Esta costumbre procedía, hablando con más exactitud, de la guerra, 
pues que, como dice Salazar, «no solamente los vencedores mataban a los 
vencidos y los sacrificaban cuando los trayan vivos, pero después de muer- 
tos los desollaban y se vestían de sus cueros». Página 49. 



— 49 — 

Pecho por tierra el águila venía 

Con gran furia a Cortés, que no la vía. 

Estaba él embebido y revolviendo 
La cabeza a una parte y a otra al cielo, 
Cuando ella de través, no lo él sintiendo, 5 

Le tocó y surtió al alto impíreo el vuelo: 
Del espantoso golpe él fué cayendo 
Por caer cuatro veces en el suelo, 
Pero al fin no cayó, y en tal jornada 
Se enderezó y metió rnano a su espada. 10 

El águila otra vez del cielo a plomo 
Se dejó trastornar presta y ligera, 
Mas Cortés, que ya agora bien vee cómo 
Cae, con su espada en la mano la espera: 

Y de aquella venida, él en el lomo 15 
En soslayo hirió al águila fiera, 

Y llevó ella con sus golpes vanos 
Cuanto asió de la piel entre las manos. 

La cruda, que herida algo se siente, 
Cresce en más rabia y más malenconía, 20 

Pero con más respecto a la hendiente 
Espada, y más astucia descendía 
A Cortés al través y sotilmente, 
Cuando él más descuidaba, se caía, 
Ni la podía él herir en breve suma 25 

Sino tan malavés sólo en la pluma, 

Que cuando relucir ella el espada 
La vía, que una vez y otra relumbraba, 



7. Fué cayendo fior caer, que diríamos hoy: estuvo por caer, que caía 
y no caía. 

13. Parece que hay una errata en el texto: ver, por vee. 

20. La forma anticuada de esta voz que trae el léxico es malencolía, 
pero no es raro verla en la que aquí aparece. Véase la nota de Rodríguez 
Marín a la voz malenconía que emplea Cervantes en el capítulo XXI de 
la Parte I de Don Quijote. 

21. Hay que aspirar la h para la medida del verso. 

26. La ortografía exige hoy que este adverbio se escriba malavez. 



— so — 

Del filo agudo ya atemorizada, 
Hasta las nubes casi que volaba, 
Sobre él con invisible ardor tornaba: 
Cortés, de acá y de allá anda como a tiento, 
5 Y con la espada corta sólo el viento. 
Entre estos dos guerreros diferentes 
La batalla duró hasta aquella hora 
Que ya dejar aquél quería las gentes 
Que el orbe con su luz orna y decora: 

10 Cortés, aunque había en esto inconvenientes, 
Su espada arrojó lejos a la hora: 
La arrojó él en mitad de aquellos llanos, 
Por venir con el águila a las manos. 
No la hubo él de sí lejos arrojado 

15 Cuando el águila a él sin temor vino, 
Y como venía ciega, en tal estado, 
De le asir por detrás no tuvo tino, 
Mas se le engarrafó por un costado, 
Como hizo al desnudo indio mezquino, 

20 Mas no le succedió así esta pelea, 

Porque era hombre Cortés de otra ralea. 

Él, cuando sintió asirse, con la mano 
Siniestra, con más fuerzas no pensadas, 
La asió por el pescuezo, y en el llano 

25 De espaldas la tendió en él trastornadas, 



2. Trasposición violenta, cuyo verdadero significado tendremos resta- 
bleciendo la oración así: Que volaba casi hasta las nubes. 

Nótese también la falta de tan en el verso precedente, al cual debía es- 
tar contrapuesto el que. 

3. Invisible, en el texto, pero parece que debiera leerse invencible. 

11. A la hora, equivalente a decir «en el acto, al punto, al momento», lo- 
cución harto corriente antaño en los buenos escritores y que en Chile se 
conservaba hasta muy adelantado el siglo XVII; así, por ejemplo, en los 
remates de oficios públicos que solían verificarse a las puertas de la Real 
Contaduría en Santiago, el pregonero decía: «si hay quien quiera hacer 
mejor postura, parezca, que se le rematará luego a la hora en quien más 
diere por él». Véase, entre muchas otras de la misma especie, el acta pu- 
blicada en la página 324 del tomo XXXVI de la Colección) ¿le Historiado- 
res de Chile. 



— 5i — 

Y aunque revoleaba y claquía en vano, 
Con el puñal le dio de puñaladas, 

Y, dejándola muerta al cabo en tierra, 
Dio así a gran afán fin a aquella guerra. 

Los indios que veen muerta al ave fiera, 5 

Que sin remedio a todos los mataba, 
A los pies de Cortés la lisonjera 
Gente con alabanza y loor se echaba 

Y le suplican que librarlos quiera 

De otro mal tan cruel que les quedaba, 10 

De aquel gran tiburón terrible y fiero 
De que le habían contado de primero. 

Cortés acceptó el cargo alegremente, 
Como el que por ganar honra moría; 
Mas antes se informó de aquella gente 15 

Qué forma el tiburón, qué ser tenía: 
Pues de todo él instruto enteramente, 
Como le plugo más señaló el día 
En que con la marina bestia fea 
Había en la lid de entrar y en la pelea. 20 



1. No registra el léxico este verbo claguir, ni cabe decir que sea erra- 
ta por cloquear, que es propio sólo de las gallinas. Zerolo trae claquear. 

En el texto, revolcaba, sin duda por revoleaba, que vale revoloteaba. 

12. La invención de este combate de Cortés con el tiburón le ocurrió, 
posiblemente, a Zapata de lo que López de Gomara refiere de aquél que 
la gente de la armada pescó después de partido de Cozumel en uno de 
los dos días que estuvo surta en la Punta de las Mujeres, «en los cuales, 
dice, tomaron sal, que hay allí muchas salinas, y un tiburón con anzuelos 
y lazos. No le pudieron subir al navio porque daba mucho lado, que era 
chico y el pez muy grande. Desde el batel le mataron en la agua y le hi- 
cieron pedazos, y así le metieron dentro en el batel, y de allí en el navio, 
con los aparejos de guindar. Halláronle dentro más de quinientas racio- 
nes de tocino...» 

Por lo demás, la invención de estos dos combates de Cortés, como lo 
advertí ya, son simples imitaciones de los que Zapata había leído en el 
Orlando Furioso. 

14. Una de las anomalías frecuentes en el empleo de los tiempos del 
verbo, cual ocurre en este caso por el imperfecto en lugar del presente: 
moría, por muere. 



— 52 — 

Las armas escogió, que eran su espada 

Y una lanza de un hierro ancho y recio, 

Y con una gran boya al cabo atada, 
Un ánchora, un esquife de un navio: 

5 Al tiburón dejó de la estacada 

Y la elección del campo a su albedrío, 
Que había de ser el mar movible y cano 
Donde habitaba el pez fiero y tirano. 

Llegó, pues, luego el plazo deseado 
10 De aquella gente mísera y mezquina: 
En calzas y en jubón Cortés osado 
Se metió en el esquife en la marina, 
Con las armas que he dicho aparejado, 

Y sacando del agua cristalina 

i 5 Espuma del batel con los extremos 

Se metió al mar desnudo con dos remos. 

Después que entró en las ondas, enfrenando 
Los remos, reparó y se estuvo quedo, 

Y se estuvo así en sólito esperando 

20 En el campo a aquel monstruo tan acedo: 
Nosotros y los indios, que mirando 
Le estábamos, teníamos muy gran miedo 
De ver que en tan no usada parte sea 

Y ha de ser la lid y la pelea. 

He aquí que el mar se hincha y se embravece 

Y todo alrededor y en torno suena, 
Cuando vimos sobre él salir un pece, 



5. Estacada, empleado aquí figuradamente, aludiendo al campo cerra- 
do en que combatían los campeones en duelo singular, generalmente lla- 
mado así por estar formado de una empalizada. 

18. Reparar-, ya en su acepción de «mirar con cuidado», ya en la de 
detenerse. 

19. Sólito, vale acosti¿77ibrado; pero en esta frase, aislado, apartado. No 
figura en el léxico tal locución en sólito. Puede, quizás, que el poeta haya 
querido decir que Cortés estuvo en aquellas circunstancias «en la manera 
acostumbrada, como se suele estar en tales casos». Parece frase tomada 
del lenguaje curial de la época: «Los más de los decretos y los mejores 
se ciñen en decir: Fiat, No ha lugar, Hágase el sólito...» Paz y Melia,. 
Sales españolas, I, 359. 



— 53 — 

Un tiburón mayor que una ballena, 

Con el pecho arrollando el mar, que cresce 

Con su venida y va sobre el arena, 

Echando agua a bufidos al lucero, 

Enderezó a Cortés el monstruo fiero. 5 

Como cuando a la plaza el espantoso 
Toro bramando a saltos sale fuera, 
Que, viéndole venir tan corajoso, 
Se endereza en la silla el que le espera 
Y se aprieta en la lanza y animoso 10 

Apercibe el caballo a la carrera: 
Así Cortés, viendo aquel monstruo insano, 
Se apretó con la lanza a sobre mano. 

O porque pensase él ya en aquella hora, 
Ya que el tiburón crudo visto había, 1 5 

Que a su furia una gruesa, no agora 
Contrastar un esquife le podría, 
Por más mal que hayas hasta la última hora 
Dejar de obrar ninguno no debría, 
Como hizo Cortés, que en tal rotura 20 



8. Corajoso, anticuado: valeroso. Treinta años después que Zapata usaba 
todavía este término en América Pedro de Oña (Arauco do?nado, canto XI): 

La co? afosa fiebre no declina... 

13. Mano sobre mano, expresión vulgarísima, que, figuradamente, vale 
no hacer nada; el significado que en este verso le corresponde tal vez debe 
buscarse en el valor que tiene la preposición sobre de aumentar la signifi- 
cación que afecta el verbo o nombre a que se añade; diríamos en este caso: 
una mano sobre otra, a dos manos. 

16. Gruesa, subentendido nave, o tal vez, armada, extremando la hi- 
pérbole. Gruesa en su acepción de grande. 

20. El léxico da a rotura las dos primeras acepciones de rompimiento, 
de las cuales, la primera, que es la única que pudiera convenirle en este 
caso, es la de «acción y efecto de romper o romperse»; y como anticuada, 
figurada, la de «corrupción, relajación, desarreglo». En el verso en que 
la vemos empleada, equivale a trance, emergencia, me parece. También 
se halla esa voz en La Araucana, empleada en un sentido muy cercano al 
que le da Zapata: 

Que la turbada gente en tal rotura, 
por descalabro, desastre; así como por derrota, vencimiento, se decía rota. 



— 54 — 

Probó aquí hasta el cabo su ventura. 
Llegaba el tiburón ya como un trueno, 

Y Cortés con su lanza le esperaba, 
La cual le metió por un ojo en lleno, 

5 Que sobre el agua el pecho se mostraba: 
La bestia, como venía tan sin freno 

Y con la gran cobdicia que llevaba, 
Erró el encuentro del esquife, y fuera 
Gran mal del, si él en lleno le cogiera. 

i o Y al pasar el feroz quebró en los brazos 
De Cortés con su ciego ojo la lanza 

Y a un remo que topó hizo pedazos 

Y puso al triste esquife en gran balanza, 
Que no sabía en aquestos embarazos 

15 O si estaba en tormenta, o si en bonanza: 
Tres vueltas al pasar le hizo en torno 
Con más presteza dar, que las de un torno. 

Y si las cosas grandes por entero 
Se pueden comparar libra por onza, 

20 Así un mochacho trae al retortero 
Cuando da del azote a una peonza: 
Cortés cayó de rostro en el madero, 
Mas se levantó presto como una onza 



7. Cobdicia, a la latina. Escribíase también antaño cudicia. ■ 

13. Poner en balanza, loe. fig., que vale, como enseña el léxico, «poner en 
peligro o riesgo»; si bien me parece que en el presente caso debe tradu- 
cirse en balance, que escribiríamos hoy, pues antaño se decía balanza por 
balance. Así, Saavedra Guzmán en el prólogo de El peregrino Indiano (Ma- 
drid, 1599, 4. ) declaraba, por lo tocante a esa su historia, «...y aunque he 
gastado más de siete años en recopilarla, la escribí y acabé en setenta días 
de navegación con balanzas de nao y no poca fortuna». Tal acepción de 
balanza no figura ni como anticuada en el léxico. 

20. Traer a uno al tetortero, modo adverbial que vale «no dejarle pa- 
rar», como bien se infiere de la comparación en que el poeta lo usa. 
Covarrubias, en la voz retorcer, le da como originado de tortera. 

24. La onza, como el pardo, carnívoros de Asia, fueron siempre en los 
poetas modelos y prototipos de ligereza en sus saltos. Véase esta compa- 
ración de La Araucana: 

Cayendo abajo el bárbaro gallardo 
Como una onza ligera o suelto pardo. 



— 55 — 

Y después que su lanza vio quebrada 
El ánchora tomó y tomó su espada. 

El tiburón tornó bravo y sangriento 
Con el hierro en el ojo atravesado, 
Así saltando sobre el elemento 5 

Como un león cuando se vee llagado: 
Mas, como ya iba ciego, con más tiento 
Llegó contra el esquife, aparejado 
De le anegar, Cortés prueba y ralea 
Con su espada a amparar que no lo sea. 10 

Así, en el fiero rostro, que metido 
Tenía por trastornarle el inhumano, 
De cuchilladas dábale, y herido 
Le dejó él a una y a otra mano: 
A crujir el esquife defendido 15 

De Cortés, y amparado del en vano 
Comenzó, contrastar ya no pudiendo 
A aquel furor del monstruo tan horrendo. 

Como cuando acomete a la barrera 
El toro porfiada y ferozmente 20 

Que la deshace y rompe por de fuera 

Y aun la alza con la fuerza de su frente, 
Pues cuando estallar siente la madera, 
Della por se salvar mira la gente: 

Así Cortés, del barco que andar vía 25 

Por alto, a le dejar se apercebía. 

El tiburón al fin de una topada 
El barco trastornó y le lanzó en alto: 
Cortés, pues, con el ánchora y su espada 
Se echó a nado en aqueste sobresalto: 30 

Fué anegado el esquife en tal jornada, 
Después que desde arriba dio un gran salto: 
Ya contra él no se pone el pece fiero 
Si no va por tragar al caballero. 

Él, que le vee venir, pone delante 35 

El ánchora al feroz con su siniestra, 



9. Acepción de ralear no registrada en los diccionarios. 



- 56 - 

A tragar la boca abre en tal instante 

Y dos órdenes él de dientes muestra; 
Pero cerrar no pudo por delante 

La boca, porque el ánchora maestra 
5 Entre un paladar y otro eficazmente 
Se lo estorbó, hecha puntal y puente. 

Cortés, que vee que el hierro en las quijadas, 
Que tragar no le pueda, le detiene, 
Por el ya ciego lado, de estocadas 
10 Le da, y siempre a herirle allega, y viene: 
De su sangre las ondas coloradas 
El tiburón ya y de otra color tiene, 

Y con ella la fuerza el pece horrendo 

Y la vida a las vueltas va perdiendo. 

15 Cortés se apartó desto y tomó el cabo 
De la maroma en que la boya estaba, 

Y dejando en el garfio a aquel pez bravo, 
Con que airado a una parte y a otra andaba, 
A la orilla con él allegó al cabo, 

20 Como el que diestro como un pez nadaba: 
Fué muerto el tiburón en tanto, y entre 
Su sangre y sobre el agua mostró el vientre. 

La gente de la tierra al mismo instante 
Al mar a Cortés todos acudieron, 

25 Y a sus pies por detrás y por delante, 
Por besárselos ellos se tendieron: 

Y todos de la gúmina triunfante 
Que tenía, al monstruoso pez asieron 
Por sacar, ya acabada aquella guerra, 

30 Su mortal enemigo al cabo a tierra. 



20. Puro encarecimiento poético, pues ya queda dicho que Cortés no 
sabía nadar. 

27. Así, gúminas, aparece varias veces escrita esta voz en el Cario Fa- 
moso, y así también en La Austríada de Juan Rufo (Canto XXII, hoja 
389 vita.): 

Gúmi7ias cortan, áncoras desclavan... 

En Ercilla y otros autores, gúmenas, que es como quiere el léxico que 
se diga, por las maromas gruesas con que se atan las anclas. 



— 57 — 

Y así, con rnil cantares, que llegando 
Iban de todo el pueblo a las estrellas, 
Llenos todos de flores, y tirando 
La jábega las mozas y doncellas, 

Y con gozo grandísimo tocando 5 
Con la mano la gruesa gúmina, ellas 

Así a aquella marina bestia fiera 
Le tiraron del agua a la ribera. 

Cortés, en pago desto, alcanzó que ellos 
Sus ídolos quebrasen y a la hora 10 

La cruz puso en la isla en lugar dellos, 

Y la imagen de nuestra alta Señora: 
Estirábannos ya por los cabellos 

A entrar al mar los vientos del aurora, 

Y así, luego de allí nos embarcamos 1 5 

Y a navegar a Yucatán tornamos. 
Al doblar de una punta, que venía 

A tierra una canoa a la vela vimos, 

Luego ella que nos vio, volvió la vía, 

Tras ella en un batel arremetimos: 20 

Salieron della a tierra en compañía 

En vivas carnes cuatro hombres; salimos 

Tras ellos, par del mar por sus pisadas, 

Que huían, como vían nuestras espadas. 

De los cuales, en lengua diferente, 25 

Habló el uno a los otros sus hermanos 

Y los hizo parar, que creían vilmente 
No poder escapar de nuestras manos, 

Y nos dijo él, revuelto encontinente, 

En español: «Señores, ¿Sois cristianos? 30 

Respondido que sí, se holgó tanto 
Que lloró de placer y hizo llanto. 



10. Recuérdese lo dicho antes acerca del valor de esta locución á la hora. 

32. Nadie diría hoy por una persona que llora, que hizo un llanto, pero 
tal era la expresión corriente en aquel entonces y aun mucho después. Por 
ejemplo, Ercilla en el sumario del canto XXI de La Araucana escribía: 
«Halla Tegualda el cuerpo del marido, y haciendo un llanto sobre él, le 



- 58 - 

Y dijo así: ¡Oh señores! dondequiera 
Me llevad y me dad cualquiera muerte, 
Que con que entre hombres de razón yo muera, 
No me será el morir duro ni fuerte: 
5 Gracias yo agora doy a la alta esfera 
(Y volvió allá, diciendo desta suerte) 
De que antes que me coman los gusanos 
A poder he venido de cristianos. 
Así, él de los nuestros conoscido 

10 Por español, no en el traje en que estaba, 
Fué al fin delante de Cortés traído, 
Que de verle infinito se holgaba, 
Porque para hablar, siendo entendido 
De aquellos indios, lengua le faltaba; 

15 Vestido, él de su suerte y de quién era 
A Cortés informó desta manera: 

A mí Aguilar me llaman, y de nombre 
Hierónimo, y fui de Écija, mi amiga 
Bien dije, fui, que ya no soy sino hombre 

20 De dolor y de afán y de fatiga: 

Tuve ya en el Darién algún renombre 
Y algún bien, por quien tanto se fatiga, 
En guerras de Nicuesa y de Balboa, 
Quien no tiene agora más quesa canoa. 

25 Acompañé a Valdivia y fué en mal punto, 
Que a Sancto Domingo él venía a la vela, 



lleva a su tierra»; y Cervantes más de una vez en Don Quijote, como en 
esta frase: «...que, como si fuera ya muerto, hacía sobre él un tierno y do- 
loroso llanto*. Tomo I, p. 83, ed. de La Lectura. 

15. Por demás anfibológico resulta el sentido de este verso en el texto, 
pues se halla sin puntuación alguna; puesta la coma en Vestido, ya todo 
se aclara: Aguilar andaba desnudo cuando los compañeros de Cortés le 
hallaron; le vistieron luego y después de eso comenzó a darle cuenta de sus 
aventuras. Tal es, además, lo que sobre el caso refiere Díaz del Castillo: 
«Pues desque Cortés lo vio de aquella manera, también picó como los de- 
más soldados y preguntó al Tapia qué era del español... Y luego le mandó 
dar de vestir, camisa e jubón e zaragüelles e caperuza e alpargates, que 
otros vestidos no había». 

24. Debería escribirse ahora, para que se lea en dos sílabas, como lo 
pide la medida del verso. 



— 59 — 

Y en el mar de las Víboras dio junto 
De Jamaica al través su carabela; 

En el batel veinte hombres en tal punto 

A gran afán entramos y sin vela, 

Sin agua y pan por ese mar nos fuemos 5 

Y con aun aparejo ruin de remos. 
Así por el mar yendo en tal estado, 

Con la muerte a los ojos a la clara, 

Trece veces el que de Dafne amado 

No fué, nos encubrió y mostró su cara; 10 

De hambre del batel no avituallado 

Echamos muertos siete al agua clara, 

Con nosotros al fin la gran corriente 

De aquel mar dio aquí en Maya finalmente, 

Donde Valdivia fué y tres compañeros 1 5 

De un cacique cruel sacrificados 

Y comidos después, que a otros tan fieros, 
Como a él tuvo a su mesa convidados: 

Yo y otros seis, como animales fieros 

A engordar nos pusieron encerrados; 20 

Sacaron dos de nuestra compañía 

Para comerlos, que allegó su día. 

Mas, por huir de tan inorme muerte 
Como era ésta, los otros que quedamos 
Una jaula de hierro gruesa y fuerte 25 

En que estábamos juntos quebrantamos. 
De la prisión así de aquesta suerte 

Y de al fin ser comidos nos libramos, 
Cuál al mar, cuál al monte huyó esento, 

Sin saber a dónde íbamos, sin tiento. 30 

Yo en un limoso lago y de ovas lleno, 
Mientras que revolvió a poniente el día, 



5. Fuemos, forma primitiva regular de pretérito, en el castellano an- 
tiguo. 

10. Dafne, en la mitología, hija del Río Peneo y de la diosa Tierra, de 
quien se enamoró Apolo, sin lograr ser correspondido, merced a que por 
la protección de los dioses fué convertida en laurel. 



— 6o — 

Me escondí, como jabalí, en el cieno, 
De los que en mi demanda andar sentía: 
Después que se tiñó escuro el terreno, 
Me bajé al mar, donde, por suerte mía, 
5 Esta canoa cogí en los baraderos 

Y a estos indios tomé por compañeros. 

Y agora, de mí y dellos que aquí estamos, 
Señor, dijo, hace a vuestro contento. 
De tal lengua tener nos alegramos, 
10 Y Cortés dio a Dios gracias muy contento, 

Y con él alegrísimos tornamos 

A dar las proas de nuevo al elemento, 

Y así a Yucatán fué la armada salva 

Y arribó a Tabasco, o de Grijalva. 

15 Pero no osó entrar dentro, que hallaron 

La barra baja y llena de bajíos, 

A la boca las ánchoras echaron 

De las popas al mar de los navios: 

A ver las naos los indios se allegaron 
20 Con armas y plumajes muy sombríos, 

Que quien desde acá tanta color vía, 

Lucida y noble gente parescía. 

Mas, antes que aquí más te sea contado, 

¡Oh alto Emperador y Rey de España! 
25 Bien es que sepas el antiguo estado 

En aquel tiempo de la Nueva España; 

Qué armas tenía y traje y adorado 

Qué Dios era de aquella tierra extraña, 

Y qué rey acataba, y, finalmente, 

30 De qué costumbres y forma era la gente. 



6. Esta curiosa historia de Jerónimo de Aguilar la he contado en Nú- 
ñez de Balboa, t. I, pp. 62-65. 

Después que Zapata, la refirió también en verso Gabriel Laso de la 
Vega en su Cortés Valeroso. Madrid, 1585, 8.° 

8. Creo que la forma verbal hace del texto corresponde aquí a la de 
imperativo de plural hace, tal como vimos que ocurrió antes con oí. 

Para la recta inteligencia de la frase, escribo vuestro donde el original 
trae nuestro. 



— 6í — . 

La tierra, que es de más de tres seiscientas 
Leguas, que en sí muchas provincias tiene, 
Que unas subjectas son y otras esentas, 
Según más ello a México conviene: 
El Mar del Norte por sus playas lentas 5 

Y el del Sur por las otras le contiene: 

A aquestos en paz larga, en breve suma, 
Tenía su rey supremo Motezuma. 

Era el rey más sublime y más famoso 
Que en su antiguo linaje había ya habido, 10 

Y cuando el reino así más poderoso 
Estaba, en aquel punto fué perdido: 
Así el pueblo de Marte belicoso 

Y Cartago y Troya antes que él lo ha sido, 

Lo fué España también por tales modos, 1 5 

Cuando estaba en la cumbre de los godos. 

Por lo cual a entender Dios da a las gentes 
(Como canta el Profeta en su escritura) 
Que el lugar que Él no guarda (parad mientes) 
En vano el que le vela le asegura: 20 

Traxcallán y otros pueblos diferentes 
Tenían guerra con México muy dura, 
Los cuales Motezuma esclarecido 
En poder, destruir no había querido, 25 

Para que los mancebos mexicanos 
Siempre se ejercitasen en la guerra 

Y porque para sus ídolos vanos 
Trujesen hombres aun de aquella tierra, 



18. Hoy en día aplicamos casi en absoluto la voz escritura a la que tiene 
el carácter de pública; pero en Zapata, como en Ercilla y otros poetas, se 
refería en general a relaciones escritas. Ha permanecido, sí, el título de 
Sagradas Escrituras que concedemos a la Biblia. La alusión a ella aquí 
contenida, se halla en el salmo 126, vers. 2. Nisi Dominus custodierit civi- 
tatem, frustra vigilat qui custodit eam. Si el Señor no guardare la ciudad, 
inútilmente vela el que la guarda. 

29. «...dixeron: que las guerras eran muy antiguas y muy trabadas, 
pero que los señores de México, — como ello era, — las habían sustentado 
por dos cosas: la una, por exercitar en la guerra a los mancebos mexica- 



62 



De quienes caer hacían los inhumanos 
Gran cuantidad de sangre humana en tierra, 
Como el demonio mismo que hablaba 
Con ellos, cada rato les mandaba. 
5 Estaba siempre en México, que era 

Y es la ciudad del mundo más pujante 
Que está sobre agua, y su grandeza fiera 
Yo la diré, yo la diré adelante: 

La gente es belicosa y muy guerrera, 
10 Que humana carne come, y a un instante 
Tiene, no una sino cien mujeres, 
Hasta a cuantas se extienden sus haberes. 
Las armas que usan son lanza, arco y vara 

Y piedra con la mano o con la honda, 
15 Corazas de algodón, cascos de rara 

Corteza, y aun rodela ancha y redonda: 
Andan casi desnudos a la clara, 
Con mantas de algodón a la redonda, 

Y de pluma de mil varias colores, 
20 Y con lindos penachos los mayores. 

Y perlas y oro traen de los oídos 
Colgando de unes y otros agujeros, 

Y a la guerra ellos van todos teñidos, 
Por parescer más bravos y más fieros: 

25 Así estaban, o así aquellos partidos 
Cuando Cortés llegó y sus compañeros 



nos, que con la ociosidad se entorpecían y no podían ganar nada; la otra, 
porque los señores de México sacrificaban cada año, especialmente en el 
templo mayor de Huitziloputchtli, gran número de gente, é que por esto 
conservaba a los taxcaltecas, para tenerlos como en depósito para sus sa- 
crificios, sin ir más lexos...» Saiazar, p. 302. 

12. Es sabido que esta costumbre era no sólo peculiar a los mexica- 
nos. Dícese a tal respecto, que Motezuma tenía mil mujeres, y aun al- 
gunos elevan ese número a tres mil, entre señoras, criadas y esclavas; 
de aquéllas, refiere Gomara, hijas de señores, tomaba para sí Moctezuma 
las que bien le parescía; las otras daba por mujeres a sus criados y a 
otros caballeros y señores; y así, dicen que hubo vez que tuvo ciento y 
cincuenta preñadas a un tiempo...» 

19. La color, que Cervantes usaba aun como femenino. 



-63 - 

Donde el gran río Tabasco, con más ciento 
De Anfitrite enriquesce el elemento. 
A Cortés paresció bien la manera 
De la tierra que vía y de aquella gente, 

Y dejando las naos en la ribera 5 
Del océano a guarda suficiente, 

En barcos y en esquifes salió fuera 

Y el río arriba se entró por la corriente, 
Ni por él había andado aun una milla 

Cuando vio un gran lugar de la orilla. 10 

Era de adobes hecho y de ladrillos 

Y de madera fuerte y bien cercado, 
Salieron antes a él muchos barquillos 
Antes que al pueblo hobiésemos llegado, 

Llenos de hombres, con armas y caudillos, 15 

Ya el pueblo a pelear aparejado, 
Mostrándose muy bravos y muy fieros 

Y por señas haciéndonos fieros. 
Cortés se adelantó y por su tercero 

Aguilar les habló, paz les pidiendo, 20 

Que no había allí venido a su terrero 

Para hacerles mal, él les diciendo, 

Sino para comprar por su dinero, 

Como los que el mar andan discurriendo, 

Vitualla y tomar agua de los ríos 25 

Para la provisión de sus navios. 



18. Hacer fieros, esto es, ■prorrumpir en bravatas, muy usado antaño, 
según se comprueba por los textos de Ercilla, Oña y otros poetas y que 
hallamos todavía en Quintana (Españoles célebres, t. II, p. 39). Véase este 
ejemplo del P. Las Casas (Historia de las Indias, t. II, p. 39), que fué, 
probablemente, el que sirvió de modelo al gran humanista: «... y otra mu- 
cha gente que apareció en la costa con sus trompetillas o cornetas haciendo 
grandes fieros y amenazas». Es digno de notarse que siempre se encuentra 
este sustantivo en forma de plural. 

24. Discurrir, en su acepción de «moverse de una parte a otra», lo usa- 
ba aún el P. Ovalle en Chile a mediados del siglo XVII: «Hizo evidencia 
de lo mesmo don Ricardo Aquinás..., habiendo pasado este mesmo Es- 
trecho y discurrido cuarenta y cinco días hacia el sur». Hist. reí., t. I, 
p. 112, seg. ed. 



— 64 — 

Con esto, ellos al pueblo se volvieron, 
Diciendo que traerían luego respuesta; 
Ccn pavos, fruta y pan luego volvieron 
De Pontochán, que gente suya era ésta: 
5 De una parte a otra mucho se dijeron, 
Hubo muchas demandas y respuesta, 

Y fué la conclusión de los indianos 
De venir con nosotros a las manos. 

Cortés hizo emboscar ciertos soldados 
10 Detrás de Pontochán, y cuando el día 
Su cabeza sacó por los collados 
Comenzamos del río la batería: 
Ellos que con nosotros desviados, 
(Que nadie a otra cautela no atendía,) 
15 Peleaban, fueron con asaltos fieros 
Oprimidos de nuestros compañeros. 

Cortés, llamando a Dios y a su abogado 
Sant Pedro, arremetió al lugar en frente, 
En nuestros bergantines denodado 
20 Con su espada en la mano y con su gente, 

Y hizo disparar desque llegado 

Fué a tiro, unas seis piezas fieramente, 
De cuyo horrible son nunca oído tanto, 
Por el suelo ellos dieron con espanto. 

25 Al lugar, que llegaba al mismo río, 
Las barcas aun con la nariz llegaron, 
Hasta el muslo los nuestros por el frío 
Humor, saliendo allí desembarcaron: 
Desde el muro los indios con gran brío 

30 Tantas flechas y piedras nos tiraron, 
Que tantos rayos cuando el sol nos mira 
De sus hermosos ojos no nos tira. 
El granizo y la lluvia de las jaras 



12. Esta voz batería en su valor de asalto, ataque, estrago, conforme a 
su derivación de batir, golpear, tan poco conocida en Chile y usada aun 
menos, fué correntísima entre los escritores americanos de la época de la 
conquista, y de ello sería ocioso citar ejemplos. 



-65 - 

Y las piedras el cielo escurescía 

En los brazos y pechos y en las caras 
Más de treinta hirieron aquel día, 

Y a otros la aguda punta de las varas 

A lo vivo entre el hierro se metía 5 

Y desde el muro abajo en sus balanzas 
Nos herían a una mano con las lanzas. 

Los nuestros de otra parte a arcabuzazos 
Derribaron a mil de la muralla 

Y otros cayan heridos de picazos, 10 
Que resistía algodón, no pasta o malla; 

De cada parte fiera en estos plazos 
Se mezcló y muy sangrienta la batalla, 

Y fué tanto el dolor y el mal cresciendo 

Que hasta el mar llegaba el fiero estruendo. 15 

Las puertas del lugar, ellos creyendo 
Ser menos nuestras fuerzas, no aun expertas, 
O porque iban los suyos recogiendo 
Que habían salido al río, tenían abiertas: 
Nosotros la ocasión y el tiempo viendo, 20 

Con gran furor corrimos a las puertas, 
Pero en contra hallamos bien delante 
Quien nos lo resistió en aquel instante. 



3. He aquí el pasaje de López de Gomara que sirvió de modelo a esta 
relación del combate de Potonchán contado en el poema. Se notará que el 
número de españoles heridos no pasó de veinte, según el cronista. 

«...pero como declinaba ya el sol y no venían, avisó Cortés a los espa- 
ñoles, que estaban puestos en celada, y él embrazó su rodela; y llamando 
a Dios y a Santiago y a San Pedro, su abogado, arremetió al lugar con los 
españoles que allí estaban, que serían obra de docientos, y en llegando a 
la cerca que tocaba en agua, y los bergantines en tierra, soltaron los tiros 
y saltaron al agua hasta el muslo todos, y comenzaron a combatir la cerca 
y baluartes, y a pelear con los enemigos, que había rato que les tiraban 
saetas y varas y piedras con hondas y a mano, y que entonces, viendo 
cabe sí los enemigos, peleaban reciamente de las almenas a lanzadas, y 
flechando muy a menudo por las saeteras y traviesas del muro, en que hi- 
rieron cuasi veinte españoles...» 

17. Expertas, que vale aquí, según se deduce del contexto, probadas, 
experimentadas por el enemigo. 

5 



— 66 — 

Que con hondas las piedras relucientes 
Por el metal un puño nos metían, 
Nos quebraban los brazos y en las frentes 
Y en las sienes sobre él nos aturdían: 
5 Ellos que no tenían inconvenientes, 
Ni armas en su defensa, más morían: 
Cortaban las espadas como espuma 
Su algodón, sus cortezas y su pluma. 

Y así, unos de una, y otros de otra parte, 

10 Por dos cabos en medio les entramos: 
Así, el primer lugar, señor, deste arte 
De la España que hoy es Nueva, tomamos: 
No podré, Emperador alto, contarte 
Los que al entrar herimos y matamos: 

15 Muchos dellos, después que su mal vieron, 
A los montes y sierras se acogieron. 

Cortés con muchos presos que había habido 
A decir envió a aquel pueblo extraño 
Que del mal que habían tanto rescibido 

20 Ellos tenían la culpa y de su daño, 
Por nunca haber querido dar oído 
A la embajada que él muy sin engaño 
t)el más bueno y mayor rey les traía 
Que por la redondez del mundo había. 

25 Y que, si al fin querían, arrepentidos 
Desto, la paz, que él dello era contento: 
No fuimos a esto dellos respondidos 
Más que aquí nos responde agora el viento; 
Pero supimos cierto cómo uñidos 

30 Estaban dos a dos y ciento a ciento, 
Hasta cuarenta mil desta ralea 



29. Cierto, por de cierto, ciertamente, usado antaño en esa forma. Véase 
este ejemplo de La Araucana (37 '0-3-1, 2): 

Cuando el siniestro hado y dura suerte 
Nos anuncian cierto en lo futuro... 

y este otro de Cervantes (Don Quijote, P. I, cap. 15): «sé muy cierto...*. 



-6 7 - 

Para venir de nuevo a la pelea. 

Con prosupuesto, que si nos venciesen, 
Nos echarían del todo de su tierra, 

Y si en contra vencidos ellos fuesen, 

Nos servirían sin más hacernos guerra: 5 

Sabido esto, antes que ellos nos viniesen 
A buscar, a su misma y propia tierra 
Después que algo en el pueblo descansamos, 
Las armas, no enfundadas aun, tomamos. 

Y salimos al campo en que espantosa 10 

La batalla a los bárbaros les dimos: 
Fué aquesta la batalla muy famosa 
De Cintla, adonde más sangre perdimos, 
Donde a cuarenta mil, tan poca cosa 
Como quinientos hombres los vencimos 15 

Y en que vimos pelear (Dios sea loado) 

A Sanctiago o a Sanct Pedro a nuestro lado. 

Mas, señor, como cuelguen solamente 
De ti tantos negocios, cosa es extraña 
Que con armas ampares grandemente 20 

Las cosas de la Italia y de Alemana 

Y adornes de costumbres juntamente 
Con tal rey la felix tierra de España, 



2. Prosupuesto, como solía escribirse en aquellos tiempos y se halla 
algunas veces en Cervantes, aunque siempre como participio de presupo- 
ner: «...y prosupuesto que ninguna cosa de cuantas me dijeres...» Galatea, 
libro V. «Prosupuesto esto, has de considerar que yo padezco ahora...» 
Don Quijote, t. III, p. 181, ed. cit. No se registra en el léxico de la Real 
Academia ese sustantivo en tal forma, ni como anticuado. 

17. Luego oiremos al poeta referir más por extenso el combate de Cin- 
tla y la atribución del milagro que se decía obrado por uno de estos após- 
toles. Véase la nota 95. 

21. Así, Alemana, se halla también en La Araucana y más tarde toda- 
vía en El Peregrino Indiano de Saavedra Guzmán (para limitarme a escri- 
tores de América): 

Cuando nació Lutero en Alemana 
Nació Cortés el mesmo día en España. 



— 6$ — 

Pecaría contra el bien común, si atento 
Yo te empachase más con largo cuento. 

Y de los nuevos reinos lo que oído 
Haz, baste y en solo esto se resuma, 

5 Que esta pelea Cortés que he proferido 
De decir y otras muchas venció en suma, 

Y ganó muchos reinos, y atrevido 
Prendió en México mismo a Motezuma 

Y tomó con su rey a sus compañas 
10 Haciendo él y los suyos mil hazañas. 

Y bien es que veas ya aquestos despojos 
Que del destruido México te envía. 

El gran Emperador, que con los ojos 

Y oídos muy atento aquello oía, 

15 Y nunca pesadumbre y nunca enojos 
De oír, chicos y grandes, recebía, 
Les mandó con hablar grave y severo 
Que a su historia fin diesen por entero. 
Lo cual los altos hombres circunstantes 

20 Que lo mandasen así suplicaron, 

Como aquellos que hechos semejantes 
De oír y hacer siempre se preciaron: 



5. Proferirse, en el sentido de «ofrecerse a hacer alguna cosa volunta- 
riamente, como yo me profiero a proveer de trigo la ciudad», según define 
Covarrubias en su Tesoro de la Lengua Castellana, completamente desu- 
sado hoy. Ercilla escribió: 

Con esta usada lanza me profiero . . . 

y en otras ocasiones, para expresar la misma idea, de prefiero: 

Y así graciosamente me prefiero... 

A mediados del siglo XVII todavía usaba de aquella forma el P. Ova- 
lie (I, 328, 334): «Redoma, profiriéndose a pasar ella a nado y por sí sola 
reducir los indios a su obediencia, como lo hizo...», «Lincoya, que era de 
altura de gigante, se profirió a dar más gente que ninguno...» 

Acepción de proferir que no figura en el léxico y que en Chile emplea- 
ron también Pedro de Oña y Mendoza Monteagudo. 

19. Altos, en el mismo valor que tres estrofas más delante llamó así al 
príncipe Don Felipe. 



- 6 9 - 

Los de Cortés humildes, donde de antes 
Su narración dejado habían tornaron: 
Lo que dirá el que dellos hablar quiere, 
Verá el que acá a la Vuelta lo leyere. 




Canto XIII.— En este canto prosiguen los de Cortés las cosas de Indias... 

En cuantas cosas hay, de que arreado 
Debe de ser un príncipe excelente, 
No creo que por ninguna es tan amado 
Como porque oya a todos fácilmente; 5 

De Dios en esto imita el dechado, 
Que, con ser alto, eterno, omnipotente, 
Teniendo ante sí al sol y a las estrellas 
Escucha desde allá nuestras querellas. 

Esta virtud que bien como aquí cuento 10 

La tuvo este alto Emperador Primero, 
Pero el rey don Felipe, entre otros ciento, 
Bien en aquesta ha sido su heredero; 
Jamás partió del nadie descontento, 
O fuese hombre plebeyo o caballero, 15 

Como que quien es hombre, cosa llana 
No tiene por ajena cosa humana. 



2. Arrear, dice Covarrubias, es adornar y engalanar, de arras, las jo- 
yas que el desposado da a la desposada, y de ahí se dijo arreo, el atavío, 
y arreado, el adornado. 

En tal significado es anticuado, según el léxico, si bien conserva arreo, 
atavío, adorno. 



— 72 — 

Pues a vos, Príncipe alto, que nascido 
De tal padre os formó y produjo el cielo, 
Del cual, después de vos no ha rey oído 
Jamás tan fácilmente y con tal celo, 
5 Pues tan de casta os viene oír, yo os pido 
Que oyáis cómo ante Cario en nuestro suelo 
Los de Cortés contaban en su cuento 
La batalla de Cintla y otras ciento. 

Después que Pontochán de la manera 
io Que he dicho se tomó, el uno decía: 
Cortés a pelear se salió fuera 
Con la gente que ya contra él venía; 
Nuestra gente quinientos hombres era, 

Y seis piezas no más la artillería, 

1 5 Y trece los caballos con sus frenos, 
En los que había de malos y de buenos. 

Estos caballos fueron los primeros 
Que estamparon el pie en aquella arena; 
Ordenados Cortés sus compañeros, 

20 Caminó luego hacia Cintla la amena, 
Donde estaban los indios, y los fieros 
Ya venían caminando en orden buena; 
Trayan cinco escuadrones de consuno 
De ocho mil y más hombres cada uno. 

25 Y como ellos el campo aderezado 
Cubrían de variedad de mil colores, 
Parescían a los muy hermosos prados 
Por Mayo y por Abril llenos de flores; 
Ellos los instrumentos acá usados 

30 No trayan en su ejército, atambores 
Ni pifaros, que a son venía aquel bando 
De caracoles y huesos caminando. 

Donde estos campos dos tan diferentes 
En número, y en todo, se toparon; 

35 Era un campo en que muy muchas corrientes 

Y acequias y ríos hondos se juntaron, 



31. PífarOy anticuado: pífano. 



— 73 — 

Por lo cual, de los pasos inocentes 
Los nuestros algo en sí se embarazaron; 
Cortés con los caballos fué la vía 
Que a pasar a la diestra mejor vía. 

La infantería siguió su vía, pasando 5 

Las acequias en medio atravesadas, 

Y paró con gran pena, en arribando 

A unas rocas de mucha agua bañadas, 

Donde a salvo los indios allegando 

A nosotros, nos daban de lanzadas, 10 

Y nos cubrían flechando sus derechas 
Los arcos de saetas y de flechas. 

De las que fueron muchos tan cruelmente 
Heridos, que explicarlo aquí no puedo: 
Pasó una a la cerviz desde la frente 1 5 

Por los sesos al músico Acevedo: 
Este tañía un laúd tan sotilmente 
Que apenas al tocar se le vía el dedo: 
¡Dichoso él, si con solo este instrumento 

Y de nunca armas ver fuera contento! 20 
Pasó otra el corazón al triste Andino, 

Que solía decir siempre que tenía 

Pasado el corazón del oro fino 

Que el Amor en sus flechas le ponía, 

Y así en árboles, él como adevino 25 
De su fin, y en paredes lo escrebía, 

Pero le fué ocasión de eterno lloro, 
Que no fué el pasador con punta de oro. 



4. Formó Zapata estas estrofas del siguiente párrafo de López de Go- 
mara: «Cuando el sol salió, ya había oído misa, y tenía en el campo cerca 
de quinientos españoles, trece caballos y seis tiros de fuego... Ordenó la 
gente, puso en concierto la artillería, y caminó hacia Cintla, donde el día 
antes fué la riña, creyendo que allí hallaría los indios. Ya también ellos, 
cuando los nuestros llegaron, comenzaban a entrar en camino muy en or- 
denanza, y venían en cinco escuadrones de ocho mil cada uno; y como 
donde se toparon era barbechos y tierra labrada, y entre muchas acequias 
y ríos hondos y malos de pasar, embarazáronse los nuestros y desordená- 
ronse.» 



— 74 — 

Murió también León, airado y fiero, 
Que, mientras renegando, se adelanta 
Una asta, que le entró por el garguero, 
Le atajó la blasfemia en la garganta; 
5 En la cara Olid fué, y Puertocarrero 
Herido, como Achiles, en la planta; 
Vio Ordaz bracear muy recio a un indio, y luego 
Del ojo que vio aquello quedó ciego, 
Porque se le echó fuera una redonda 
io Piedra, que aquel fuerte indio revolviera, 
Que salió tan derecha de una honda 
A su ojo, como una jugadera: 
Para vengarnos luego, el agua honda 
Nos impedía el pasaje y la carrera, 
i 5 Mas Dios quiso sacarnos con su mano 
Donde había menos agua y campo llano. 
Allí pudo más nuestra artillería 

Y ser más nuestras armas de provecho: 
La mecha fué al fogón, la llama ardía, 

20 Salió el trueno y el rayo fué derecho, 

Y en la multitud de indios que hervía 
Entró como el demonio en su despecho: 
En ellos hizo riza que fué espanto 

Y para ellos eterno y mortal llanto. 

25 Mató allí una pelota a más de ciento, 
Rompiéndoles las frentes y los brazos, 

Y los ciento a otros mil y mil sin cuento, 
Que aturdían a unos de otros los pedazos, 
Que como así ellos eran tan sin cuento, 

30 Y estaban pie con pie y brazos con brazos 



12. Enseña el léxico que jugadera es sinónimo de lanzadera, lo que en 
Chile llamamos cañuela, que es la que lleva el hilo de un extremo a otro 
del telar. «Parecer como una lanzadera» es frase figurada y familiar: «an- 
dar de acá para allá en continuo movimiento». 

23. Hacer riza, frase metafórica para significar el destrozo y estrago 
producido. El P. Ovalle (I, 355) la empleaba aún entre nosotros: «...si bien 
hacían en ellos tanta riza que les mataban mucha gente...». 



— 75 — 

Cualquier bala o pelota que salía 
En ellos destruición grande hacía. 

Mas, poco aprovechó, que, no obstante esto, 
Sobre los nuestros tantos acudieron, 
Que andar al remolino y volver presto 5 

Espaldas con espaldas los hicieron: 
Las armas para defenderse en esto 
Así, allí en tanto aprieto los pusieron, 
Que ni aun menear las armas no podían 

Y todos ya a huirse revolvían. 10 
Estando la batalla en tal estado 

Que ya nuestra cosa iba de vencida, 

En un caballo allí rucio picado 

Moría se apareció y nos dio la vida: 

Arremetió a los indios denodado, 15 

Y los arredró desta arremetida: 
Nosotros que Cortés ser él creímos, 
Cobrando ánimo, más arremetimos. 

Y muertos esta vez a nuestras manos 
Fueron algunos indios mal andantes: 20 

Con esto el de caballo por los llanos 
Más no se aparesció; en estos instantes 
Con su ausencia los indios inhumanos 
Revolvieron muy más fieros que de antes, 



1. Bala o pelota tanto valían antaño. Véase el siguiente curioso ejem- 
plo que trae Oviedo en el capítulo VIII del Sumario de la natural histo- 
ria de las Indias: «...hay un valle... el cual está lleno de pelotas de lom- 
bardas guijeñas... y hay dellas desde tan pequeñas como pelotas de esco- 
peta, y de ahí adelante de más en más grosor cresciendo; las hay tan 
gruesas como las quisieren para cualquier artillería». 

20. Mal andantes, que la Real Academia escribe hoy en una sola pala- 
bra, y vale desafortunado, infeliz. 

21. De caballo aquí, y luego, ocho versos más adelante, de a caballo. En 

esa primera forma se la halla escrita varias veces en La Araucana, v. g. 

(M5-3-7). 

A recebir al araucano pica 

Con la ligera escuadra de caballo... 

Tal modo adverbial es anticuado y en realidad envuelve una forma ana- 
lógica, tal como hoy decimos: gente de guerra, gente de paz. 



- 7 6- 

Y si en gran estrecho antes nos tuvieron, 
En muy mayor entonces nos pusieron. 

Mas, luego el de a caballo dio la vuelta 
Y, venido, se puso a nuestro lado, 
5 Y a los indios fué, y hizo en su revuelta 
Que nos diesen un poco de más vado: 
Con su favor nosotros desta suelta 
Dejamos de sí el campo ensangrentado, 
Mas, en la mayor priesa, en lo más fiero, 
10 Nos dejó al mejor tiempo el caballero. 

Los indios que no veen el que a caballo 
Temían mucho, volvieron con denuedo; 
Tornó la vez tercera el de caballo 

Y hizo huir los indios con más miedo: 
15 Verdad digo y sería crimen dudallo, 

Señor, por cuanto yo jurar más puedo, 

Y así la vez tercera arremetimos 

Y asimismo matamos y herimos. 

Ya aquí Cortés llegó y sus compañeros, 
20 Que harto de pasar los ríos venía: 
Contárnosle lo que en los indios fieros 
Hecho uno de a caballo en tanto había, 

Y que cuál de sus buenos caballeros 
Era el que hecho había tal valentía: 

25 Él dijo que ninguno había podido 
Haber primero que él allí venido. 
Y como él esto dijo, creímos que era 



1. Tener, o poner \ a uno en estrecho, es como si dijéramos al presente 
en aprieto. i-Estar puesto en estrecho, define Covarrubias, estar en nece- 
sidad y en peligro». 

6. Dar vado, expresión metafórica, definida también por Covarrubias 
y muy frecuente en los clásicos. Ercilla escribía (55-4-6): 

Dando algún vado a su dolor, quería... 

Y Cervantes (Galatea, p. 220, ed. de Ochoa); «poned por agora silencio 
a vuestras tiernas lágrimas, y dad algún vado a vuestros dolientes suspi- 
ros...». 

18. Otro caso en que ocurre la h aspirada. 



— 77 — 

El apóstol Sant Pedro, o Sanctiago: 

Él dijo entonces: ¡a ellos, muera, muera 

Esta gente, que Dios nos dará el pago! 

Así sacó a los indios luego fuera 

Del agua, donde dellos hizo estrago, 5 

Los destrozó y rompió con su venida 

Y los puso en espanto y en huida. 

No mira hombre por hombre, y de arrancada 
Se acogen donde más cada uno ha gana, 
Cuál deja el arco, cuál la honda amada, 10 

Y cuál compañía o sangre muy cercana, 

Y cuál, porque es para huir pesada 
La ropeta de pluma muy liviana: 
Cortés la rienda alarga y espolea 

Y a éstos y aquéllos hiere y alancea. 15 
Duró más de dos horas el alcance, 

Cuántos indios murieron, no hubo cuenta; 

De los nuestros dos solos, y en tal trance 

Quedaron más heridos de sesenta: 

Así, señor, a Dios con solo un lance 20 

Le plugo de librarnos desta afrenta, 

Y no sólo los nuestros pelear tanto 
Por nos vieron allí al Apóstol santo. 

Mas, de los mismos indios todos cuantos 
Hubimos a prisión todos lo vieron 25 



8. De arrancada, locución anticuada en su valor de «partida o salida 
violenta». 

16. Ir en alcance es frase de milicia, que vale perseguir al enemigo que 
huye, frecuentísima antaño. El P. Mir (Hispanismo y barbarismo, t. I, 
p. 1 1) cita como ejemplo del correcto uso de esta voz alcance el siguiente 
ejemplo de La Araucana (357-5-4): 

Iban en el alcance y seguimiento... 

23. «Nos y vos, expresa Cuervo en sus anotaciones a la Gramática de 
Bello, fueron primitivamente los pronombres de primera y segunda perso- 
na en el número plural, en lugar de nosotros y vosotros, y como tales se 
han conservado en poesía, si bien hoy, aun así, son sumamente raros». Al 
ejemplo de Ercilla que el doctísimo lexicógrafo cita y a otros que se hallan 
en La Araucana, podría añadirse el que nos ofrece aquí Zapata. 



- 7 8 - 

Y que les había puesto en mil espantos 
El del primer caballo nos dijeron: 
Que haga Dios milagros por los sanctos 
Esto de historias que hay todos lo oyeron, 
5 Mas, de dársele hoy deben mil loores 
Pues hizo aquesto allí por pecadores. 



6. La intervención de uno de aquellos apóstoles la explica así el cronis" 
ta de Cortés. Después de contar que Francisco de Moría se presentó solo 
en el campo en un caballo «rucio picazo» y arremetió a los indios, retiróse 
luego y volvió a embestir en seguida hasta por tercera vez, continúa así: 
«A esta sazón llegó Cortés con los otros compañeros a caballo, harto de 
arrodear, y de pasar arroyos y montes, que no había otra por todo aque- 
llo. Dijéronle lo que habían visto hacer a uno de a caballo, y preguntaron 
si era de su compañía; y como dijo que no, porque ninguno dellos había 
podido venir antes, creyeron que era el apóstol Santiago, patrón de Espa" 
ña. Entonces dijo Cortés: «Adelante, compañeros; que Dios es con noso- 
tros y el glorioso sant Pedro... todos dijeron que vieron por tres veces al 
del caballo rucio picado (sic) pelear en su favor contra los indios, según 
arriba queda dicho, y que era Santiago, nuestro patrón. Fernando Cortés 
más quería que fuese sant Pedro, su especial abogado; pero cualquiera 
que dellos fué, se tuvo a milagro, como de veras pareció; porque no sola- 
mente lo vieron los españoles, mas aún también los indios lo notaron por 
el estrago que en ellos hacía cada vez que arremetía a su escuadrón; y 
porque les parescía que los cegaba y entorpescía. De los prisioneros que 
se tomaron se supo esto». 

El P. Las Casas (Historia de las Indias, t. III, p. 477), hablando de tal 
intervención divina, se limita a expresar que Gomara decía que «por los 
merescimientos suyos [de Cortés] y de su compaña, les apareció sant Pedro, 
o Santiago, encima de un caballo, que hizo en los indios aquel gran es- 
trago». 

Díaz del Castillo, con conocimiento de lo que cuenta Gomara no podía 
menos de reírse donosamente de tal conseja. Léanse sus palabras: «Aquí 
es donde diee que salió Francisco de Moría en un caballo rucio picado antes 
que llegase Cortés con los de caballo, y que eran los santos apóstoles señor 
Santiago o señor san Pedro...; y pudiera ser que los que dice el Gómora 
(sic) fueran los gloriosos apóstoles señor Santiago o señor san Pedro, é yo, 
como pecador, no fuese digno de verles... y hasta que leí su Coránica y 
nunca entre conquistadores que allí se hallaron tal se oyó». Página 29. 

Invenciones y creencias de esta índole no fueron raras entre los españo- 
les de la época de la conquista en América. En Chile es bien conocido el 
caso de la aparición de la Virgen en el asalto que los indios llevaron a la 
Imperial el 23 de Abril de 1554, que a Ercilla le costaba creer, y que hubo 



— 79 — 

Vencida esta batalla, en que quedaron 
Los indios della así muy quebrantados, 
A pedirnos perdón nos enviaron 
Algunos de sus hombres más honrados: 
Concedido, al pueblo ellos se tornaron, 5 

Donde bien de Cortés siendo industriados, 
Tus vasallos quedaron el día mismo 

Y rescibieron agua de baptismo. 

De allí salió Cortés, viendo que no era 
Tan rica la región como pensamos, 10 

Y tornamos a entrar en la ribera 

Con ellos en la mano el día de Ramos; 

Y a navegar la costa del mar fiera 
Volvimos, y ya al fin desembarcamos 

Donde gran relación se tuvo en suma 15 

Del oro y del poder de Motezuma. 



de consignar también en su Araucana: eso sí, que en una y en otra oca 
sión sólo pudo invocarse el testimonio de los indios respecto a lo que ellos 
vieran... 

10. «Con esta relación (que le hizo Tabasco) vio Cortés que no era tierra 
aquélla para españoles, ni le cumplía asentar allí, no habiendo oro ni plata, 
ni otra riqueza». — Gomara. 

12. «Con ellos en la mano»: expresión figurada para dar a entender que 
durante el viaje los tuvieron siempre a la vista, tal como lo refiere Gomara: 
«Embarcados que fueron, hicieron vela y navegaron al poniente, lo más 
iunto a tierra que pudieron; tanto, que veían muy bien la gente que andaba 
por la costa; la cual, como es sin puertos, no hallaron dónde poder surgir 
seguramente con navios gruesos, hasta el jueves Santo, que llegaron a Sant 
Juan de Ulúa...». 

En un documento obrado en Chile en 1558 se halla, asimismo, esa ex- 
presión figurada: me refiero a la declaración prestada por Martín de Ariza 
«n la información de servicios de Juan Gómez, en la cual dice que éste 
hizo la navegación de Coquimbo a Valparaíso «la costa en la mano~». — ME- 
DINA, Colee, de Docs. inéds., t. XIV, p. 92. 

12. «Luego que fué hora el domingo, mandó Cortés cortar muy muchos 
ramos y ponerlos en un rimero, como en mesa, más en el campo, por la 
mucha gente, y decir el oficio con los mejores ornamentos que había, al 
cual se hallaron los indios, y estuvieron atentos a las cerimonias y pompa 
con que se anduvo la procesión, y se celebró la misa y fiesta; con que los 
indios quedaron contentos, y los nuestros se embarcaron con los ramos en 
las manos».— Gomara. 



- 8o- 

Allí a Teudilli, que era el que a su mando 
Todo por Motezuma lo tenía, 
Cortés, cuyo vasallo era, contando 
Le estuvo, y de dónde él y a qué venía, 
5 Y cuándo tu poder, Cario, explicando 
Le estaba y tu valor, cuanto él podía, 
Se admiró el indio simple de que en suma 
Igualase otro rey a Motezuma. 

Cortés le añadió más, que había venido 
10 Allí por visitarle de tu parte, 

De quien tú acá noticia habías tenido 

Y con él deseabas conversarte: 
Teudilli despachó luego, esto oído, 
A México, a dar dello a su rey parte, 

15 Y en un día natural, aunque setenta 

Leguas hay de allí, allá allegó esta cuenta. 

Estas nuevas tan presto así por gente 
Puesta de trecho a trecho allá llegaron, 
Los caballos pintados y la gente, 

20 La artillería y naos y armas le enviaron; 
Dende a poco con un gentil presente 
De algodón, pluma, plata, oro tornaron, 

Y Teudilli de parte, como en suma, 
A Cortés respondió, de Motezuma. 



8. Teudilli llegó al campamento de Cortés el domingo de Pascua por 
la mañana, y «Lo que habló Cortés a Teudilli, criado de Moteczuma», es 
el título del párrafo que sigue en la Crónica de López de Gomara. 

12. Conversar, empleado como reflexivo, y, en tal sentido, es anticuado; 
vale así «tratar a alguno y comunicarse familiarmente con él». 

24. «Estas mensajerías fueron en un día y una noche del real de Cor- 
tés a México, que hay setenta leguas y más de camino, y llevaron pintada 
la hechura de los caballos y del caballo y hombre encima, la manera de 
las armas, qué y cuántos eran los tiros de fuego y qué número había de 
hombres barbudos. De los navios ya avisó así como los vio, diciendo qué 
tantos y qué tan grandes eran. Todo esto hizo Teudilli pintar al natural en 
algodón tejido para que Moteczuma lo viese. Llegó tan presto esta men- 
sajería tan lejos, porque estaban puestos de trecho a trecho hombres, 
como postas de caballo, que de mano en mano daba uno a otro el lienzo y 
el recado, y así volaba el aviso... También envió este gobernador a Mo- 



- 81 — 

Que él, de qué gentes nuevas y extranjeras 

Y no vistas llegasen donde estaba 

Y de saber de ti por quién tú eras, 

¡Oh Emperador! muy mucho se holgaba, 

Y que viese si para sus veleras 5 
Naves o para sí algo le faltaba, 

O para traerte a ti de su aposento, 
Que él sería muy de dárselo contento. 

Y, en cuanto el irle a ver, que era imposible 
Por la esterilidad de aquellas tierras 10 

Y por un despoblado muy horrible, 

Y porque había aun en medio grandes sierras 

Y gente su enemiga muy terrible 

Con quien tendría al pasar muy crudas guerras: 
Todos estos estorbos le ponía 1 5 

Porque que a él Cortés fuese no quería. 

Cortés replicó aquesto: que excusado 
Era la vía estorbarle aquesta vía 
Que él, que había ya dos mil leguas andado 
Por verle, muy mejor setenta iría; 20 

Teudilli de los nuestros fué apartado; 
Cortés donde las naos dejado había 
Dio vuelta; en Chiavislán el viernes Santo 
De la Veracruz puso el primer canto. 

Donde dispusición había y materia 25 

Para edificar casas convinientes, 
Leña, piedra y madera como en feria, 

Y dos ríos para tratos excelentes, 

Y para naos que fuesen de la Hesperia 



teczuma los vestidos y muchas de las otras cosas que Cortés le dio, las cua- 
les se hallaron después en su recámara». 

28. Al hablar el léxico de trata?', observa que con la preposición en vale 
comerciar, pero no registra este sustantivo trato en la acepción que aquí 
tiene de comercio, tan común antaño en España y en América, que fray 
Tomás de Mercado, que vivió en México, publicó en Salamanca, en 1569, 
su libro intitulado « Tratos y contratos de mercaderes y tratantes», en el 
cual se halla, a mayor abundamiento, el capítulo XIII de la Primera Par- 
te: «De los tratos de Indias, y tratantes en ellas». 



82 



Un abrigo de peñas suficientes; 

Llegó con el continuo y largo oficio 

A la cumbre en muy poco el edificio. 
Allí supo que aquello estaba en bando 
5 Y que había de una gente otra enemiga; 

De las contrarias tierras mañeando, 

Contra México hizo trato y liga; 

Tomó a ciertas ciudades peleando 

Por defender a Cempoallán, su amiga; 
10 Y por esta región, como la llama, 

De nosotros y del cresció la fama. 
Él en consejo entró con sus sentidos 

De si ir o si no a México debría; 

En sí, había inconvenientes muy crescidos, 
15 Y en nó, grande ocasión de loor perdía; 

Y así estaban los votos repartidos, 
La razón y el peligro uno decía, 

Mas, dejando esto atrás en su memoria, 
Al deseo se acostó de ganar gloria. 
20 Propuso de ir a México, y su intento 
Lo tuvo a sus soldados encubierto, 
Que pudiera, a decirlo en el momento, 
Sobrello haber, quizá, algún desconcierto, 

Y por quitar del todo el pensamiento 
25 De otra salud, ni otro remedio cierto, 

Determinó, sin más otros desvíos, 
De dar allí al través con los navios. 
Cosa que de gran pena y pérdida era 

Y aun del todo acabar nuestra esperanza 
30 Entre gente tan bárbara y tan fiera 

Y tan lejos y en tanta malandanza; 
Tuvo bien que pensar de qué manera 



10. Falta la para el verso en el texto, que debe suplirse. 

19. Acostarse en su valor metafórico, anticuado, de adherirse o indi 
narse. 

20. El régimen de proponer con de se halla en nuestros antiguos, pero 
hoy día omitimos la preposición, observa Salva (Gramática, p. 311). 



- 8 3 - 

Pondría nuestro negocio en tal balanza, 
Que, a entender su intención antes, la gente 
Se amotinara toda encontinente. 

Así propuesto, negoció en secreto 
Con pilotos, que aparte él habla y toma, 5 

Que sus naos barrenasen, y en efeto 
Dijesen que venían llenas de broma; 
No creo que puesto un hombre en tanto aprieto, 
Ni africano, ni griego ni de Roma, 
Volviendo atrás los siglos más de un día, 10 

Tenido haya jamás tanta osadía. 

Pues un día, así, ante todos, muy turbados, 
A Cortés los maestres acudieron, 

Y ¿qué más navegar? porque abromados 

Ya los navios estaban, le dijeron, 15 

Y que, porque después dellos culpados 
No fuesen, a decirlo antes vinieron, 

Que en muchos sin defensa el agua entraba; 
Por tanto, que viese él lo que mandaba. 

De todos fué como decían creído, 20 

Que habían estado allí más días que ciento, 

Y dellos mucho el caso fué sentido, 

Y Cortés mostró aun gran sentimiento 
Sobrello; pues, gran rato debatido, 

Mandó que, recogiendo en el momento 25 

Lo que podían, dejasen dar vacíos 
Al través, o hundirse los navios. 

Y así, allí los mejores seis, sacadas, 
Armas, velas y jarcias, se anegaron, 

Que, como vidrio o como seis granadas, 30 

En llegando a unas rocas se quebraron, 

Y otras cuatro naos luego barrenadas, 
Encima agua y debajo ellas entraron 
Ya con dificultad, porque la gente 

Entendía el trato del muy claramente. 35 

Y decían que Cortés, como en garlito 
Meterlos quería allí en aquella tierra 



— 84 — 

Por el deseo insaciable e infinito 
De fama, que el saber le ofusca y cierra: 
Les dijo él, que el que así por tan poquito 
Le plugiese dejar tan rica guerra, 
5 Que en la nao que quedaba irse podía 
Que para esto dejado en salvo había. 

Lo cual dijo por ver los que primeros 
Mostrarían su poco ánimo; deste arte 
Muchos, mas eran todos marineros, 

10 Dijeron que ir queríanse a otra parte: 
Por vergüenza otros de sus compañeros 
Callaron, y otros, por deseo de Marte: 
Viendo esto así, Cortés, de su albedrío 
Hundir también mandó el otro navio. 

15 Y así, sin esperanza, ¡oh cosa extraña! 
De salir de allí entonces se quedaron: 
Oyendo esto los que ante el Rey de España 
Estaban, unos a otros se miraron, 
Y él y ellos muy mucho esta hazaña 

20 Que Cortés hizo entonces alabaron: 
Cesó al fin el murmullo, y fin habiendo 
El que oraba, seguir quería, diciendo